687. TENGO QUE SABERLO
Nahir Gutiérrez Gutiérrez | Audry

Esteban era mi jefe. Y ya lo dice el refrán lo de acostarse con alguien de tu lugar de trabajo, sobremanera si es tu jefe. Pero qué dura fue la renuncia. Era divertido, de buen ver, y yo soltera y sola como la una, dime tú qué tenía yo que perder si la cosa prometía. Que si fíjate qué coincidencia: de congreso en la costa y yo con casa en la playa. Y qué casa. Y qué playa. Y yo que no. Que está aquí toda la oficina y comparto habitación con la de Administración, se va a notar si no voy a dormir; qué cara pondremos el lunes. Y no fue.
El sexo es como el tenis. Pura práctica. La función hace al órgano. Pues nada, yo monogamia, que atrofia músculo y arraiga costumbre.
Con Eduardo también fue que no. Tampoco esperaba yo que de una reunión de exalumnos a media tarde, en un sitio cutre y desangelado surgiera aquello. Si yo te llevo, si paso por delante de tu casa, si no tengo prisa que estoy de Rodríguez… Un curso entero sentado detrás de mí, que no sé cómo no acabé sabiendo girar el cuello como la niña de El exorcista. Y ahora que ya no llevo ni ortodoncia ni gafas me echa los trastos; él siempre fue mi asignatura pendiente y yo, que no. Que eso no se hace, por muy de Rodríguez que esté.
Suecia es otra cosa. Bueno, no era Suecia porque eran daneses. Pero Dinamarca también sería otra cosa por entonces, porque no llegaba a media hora que nos habían presentado y allí estaban las cartas echadas – y bien boca arriba- Pero es que ni el nombre le había entendido. El lenguaje del amor es universal. Y dale, pero no saber ni cómo te llamas…Para un hombre que baila, y encima bien… Yo me consumía; mira que en la vida se te vuelve a poner a tiro un espécimen de este calibre, ni que sea por estadística. Y mira Marta, bien que se anima, mira tú Martita, con aquella melena rubia como de primera comunión y desapareció en la tienda con el más alto. Pues es que yo, así sin conocerse, nah, el sexo sin amor es gimnasia. Que no.
Así que debo saberlo. Si es que soy decente. O rancia. O es culpa de mi férrea educación católica; o de ser sana hija del patriarcado.
Porque se me va a pasar el arroz y me moriré sin saberlo – y me moriré aburrida- he decidido que de este invierno no pasa. Porque esa vocecita en mi interior no se calla diciéndome – gritándome- que ni moral, ni valores: Nunca fue más que porque siempre me pillaron sin depilar.
De modo que así le cueste a esta ciudad un apagón como el de Nueva York en el 65, voy hacia la luz pulsada del láser para no dejar dejar un pelo que no corresponda, en este cuerpo que se han de comer los gusanos.