1284. TERRAL, “MALAGUEÑO Y EXQUISITO”
Valeria Piédrola López | Valeria Piédrola López

Terral es un cachorro pequeño de raza Beagle, de ojos castaños, pelaje tricolor y orejas grandes y caídas, ya mismo le toca hacerse la cirugía. Independiente, pícaro y revoltoso. Callejear, y hacer lo que quiere cuando quiere, es su especialidad. Más que un perro parece un marqués, y aún no preguntéis porqué. Le gusta mucho dejar huella por el Palmeral de las sorpresas, un amplio y bonito paseo al lado del puerto, llenito de buena gente, muchas palmeras, fuentes, esculturas, tiendas y restaurantes. Esto último era lo que más le interesaba a él ya que es un perro muy tragón, su última degustación fue el asalto a una enorme fritura malagueña repleta de pescaítos fritos. Ni un boquerón se libró.
Los extranjeros que se quedaron sin comer no podían creer como aquel perrito sin vergüenza, de apariencia tan coqueta, se había subido a la mesa y tenía estómago para engullir semejante festín. Al final todos acabaron riéndose y pidiendo otro plato (hasta el camarero que ya lo había visto varias veces merodeando por allí, reía al mismo tiempo que le guiñaba un ojo) Terral les agradeció su invitación limpiándose los bigotes y regalándole a aquella familia italiana una emblemática y olorosa, biznaga. No tiene guasa, ni ná.
Su debilidad son los exquisitos espetos de sardinas y si van acompañadas de un buen tinto con limón fresquito o una cerveza, mucho mejor. Terral es un perro sureño, su corazón palpita entre comparsas, pasos de Semana Santa y tablaos flamencos. Le gusta mucho el cante, el baile y el cachondeo, no se pierde ni una. Y si hace bueno y no llueve, se va al Muelle Uno a contar barcos y a contemplar La Farola, tan ancha y rechoncha como siempre. De paso se tumba a la bartola, y al fresquito se echa una buena siesta.
Después se va a coger chinos a la playa de La Malagueta, a darse un par de bañitos, y a ligotear con alguna que otra caniche, presumida y resultona. Y a la vuelta, hace una paradita en la alegre Calle Larios, y visita Casa Mira donde devora su mítico helado de turrón, que está para lamerse las patas. Si le da tiempo, luego se va al Estadio de La Rosaleda a ver un partido de fútbol, aunque gane o pierda, con un par de ladridos anima a todo el equipo.
Y si se levanta al otro día con la vena curiosa, se come unos buenos churros con chocolate en Casa Aranda, más tarde se bebe un vinito en El Pimpi y se cuela después en el Centre Pompidou que allí rebosa el arte por los cuatro costados. Sobra decir que es fan incondicional del pintor Pablo Picasso, su museo se lo tiene más que recorrido y su cuadro favorito es El Guernica. Si pilla unos cuantos botes de pintura como esté inspirado, igualito te lo pinta. Terral, tiene su lado culto y educado, aunque no es su fuerte ser refinado.