Terriblemente romántico
Esperanza Macarena Expósito Molina | Calíope

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“Amores que matan, nunca mueren…” Joaquín Sabina

Era una noche de tormenta, el agua impactaba con fuerza en los cristales de la ventana de mi dormitorio. El paisaje lluvioso en sintonía con los truenos resonando en el cielo se traducía en un ambiente ideal donde el clímax te envolvía y te invitaba a desplegar tus dones literarios para plasmarlo con arte, sensualidad y romanticismo. La ocasión no merecía menos.



Escribía con delicadeza pero empleando una pasión desbordante una carta de amor para ella. La citaba el próximo día, a las nueve y media de la noche, en el restaurante de la esquina del final del barrio que tanto le gustaba. Lo sé. La había observado durante todo este tiempo. Me obsesioné según las malas lenguas. Pero sí, acabé indagando todo aquello que fuese su rutina diaria. Pero todo tiene explicación ehh.



Todo ocurrió tres meses atrás. Tras un cruce de miradas inocentes en la sección de lácteos del supermercado del barrio y un intencionado “Disculpa. ¿Tienes hora?’’ fascinado por un chip que caló en mi interior. Ella respondió un escueto “Las doce menos cuarto” Y tras escuchar de sus labios la respuesta, grabé en mi retina los detalles de su rostro moreno y su voz de terciopelo, el cual, me acompañó cada noche antes de dormir. Me había enamorado desde luego.



En la carta le confesaba quién era, le profesaba mis sentimientos sinceros hacía ella. Le declaraba amor eterno, pero a cambio, le solicitaba puntualidad para nuestra primera cita. Siempre me he considerado un romántico.



Este tipo de cartas deben escribirse en papel y no en un mensaje de texto a través del móvil donde impera la informalidad y la frialdad… ¿Qué clase de cortejo sería…? ¡Cuanto menos deprimente! Pero se está convirtiendo en una herramienta asidua para “enamorar” Si William Shakespeare o Bécquer levantaran la cabeza…



Esto llamó poderosamente la atención de mi

nueva víctima…Doblé el papel, lo metí en un sobre rojo y lo cerré. Todo esto me llevó su tiempo oportuno, no había prisa, pues mientras ejecutaba cada movimiento con lentitud, me deleitaba proyectando en mi imaginación la imagen de ella abriendo la carta y leyendo su contenido.



Con cautela, para que no me viera, deposité la carta en su buzón por la mañana, en un buzón de verdad, no en una bandeja de entrada de correo electrónico. Y me fui con la esperanza de obtener respuesta pronto, pero no imaginé tan pronto…ya que por la tarde recibí una carta suya, en un sobre exactamente igual que el que yo le mandé, con dedos ansiosos abrí la carta y extraje el mensaje:



“Buen intento, cariño, pero sé lo que piensas, lo que quieres, tus pretensiones” afirmaba. “Yo también planeaba matarte en nuestra primera cita”



Un escalofrío me recorrió la columna, me sobrecogí por la sorpresa y sonreí abiertamente. Ella cumplía todas mis expectativas. Sin lugar a dudas, ¡Ella era mi ansiada alma gemela!