929. TETRIS
CARLOS PÉREZ MORENO | Carlitos Güei

Judith sube al tren que le llevará a Barcelona, donde le espera su amiga Ana para tomar una birra en el chiringuito. Es agosto y el vagón va abarrotado de gente. Como si fuera una pieza del Tetris, Judith sortea los cuerpos sudorosos que encuentra hasta que finalmente se auto-encaja en un hueco libre.
-Qué peste a humanidad– observa para sí misma. Intenta mantener el equilibrio para no entrar en contacto con nadie, pero el ajetreo del tren lo complica. Estira el brazo y consigue cogerse a la barra metálica que hay encima de su cabeza. –Hostia, no me he depilado… Recoge rápidamente el brazo y vuelve a hacer acrobacias para mantener el equilibrio. De repente, nota una protuberancia que roza levemente su nalga. Incómoda, se desplaza unos centímetros a la izquierda. Vuelve a notar la protuberancia. Se vuelve a desplazar, esta vez a la derecha. Nueva sacudida del tren y nuevo roce en la nalga. -Mierda, mierda… Judith se pone nerviosa. Intenta buscar una solución rápida. Un tsunami de eslóganes feministas le inundan la cabeza: “No es no”, “Machete al machote”, «Nosotras parimos, nosotras decidimos»… -Como se me vuelva a acercar, se la lío – se promete a sí misma. Ahora, la protuberancia se cuela impúdicamente entre nalga y nalga, recreándose en el íntimo pliegue corporal. Finalmente, se gira: -¡¿Qué coño haces?! Un jubilado canijo con gorra del Pryca y un cubo en la mano se gira hacia ella: -¿Qué dices, niña? Judith baja la mirada y descubre una caña de pescar a pocos centímetros de su culo. Avergonzada, pide paso hasta la puerta. Baja del tren, y mientras camina por el andén, concluye que tendrían que prohibir las cañas de pescar en el transporte público.