240. THE TAXMAID’S TALE
Enrique Rodríguez Rodríguez | Pozuelito

Tierra, 7 de Primus de 2055

La última guerra ha terminado. Microsuave ha sido engullida por nuestra suprema corporación, Armazón Inc. Hace décadas que no existen gobiernos, cuando en la guerra de las Incorporated se decidió que no se necesitaban más los países, y nos reorganizaron en los almacenes robotizados.

Mi codename es Tolstoi. Soy un autónomo clandestino. Vivo en los túneles de la resistencia, con otros renegados quintacolumnistas: freelancers, emprendedores, luthiers, artesanos, nómadas digitales, guitarristas de jazz….

Desde el decreto de Ceferino Brezos, los taxcops de la Agencia Tributaria nos persiguen sin descanso. Armazón ha prohibido que existan personas desempleadas.

Recientemente confirmamos un hallazgo fabuloso, un punto débil del sistema. Si a un taxcop le entregas una declaración trimestral de IVA, entra en loop y tras 314.567 intentos se desintegra. Lo mismo ocurre con el modelo 303 o el 111 del antiguo Ministerio de Hacienda de Madrid, que era un lugar en el que algunos autónomos vivían en permanencia, cuando existían lo que llamaban países.

En los túneles del Ministerio vivimos Gogol, Lermontov, Pushkin y yo, con un solo objetivo: recuperar formularios, que esparcimos en la superficie, para que los taxcops los detecten y queden inutilizados durante años, intentando rellenarlos.

Ayer, sin embargo, perdimos a un compañero, Oblomov. Le sorprendieron los taxcops y le obligaron a firmar un contrato permanente con disponibilidad geográfica. Dicen los que han estado y escaparon para contarlo, que tienen torturas diabólicas, artefactos llamados KPI, algoritmos, y una cosa llamada bonus variable. Ceferino Brezos, el supremo, les llama personalmente a través de una máquina llamada CRM.

Reventaré el sistema. Habrá un punto débil en Armazón. Encontré en los archivos un antiguo contrato llamado “fijo discontinuo”, y lo he hackeado en el sistema.

Hay rumores de que no somos los únicos. Se dice que existen comunidades en las montañas y en los hielos de Yakutsk con unos lugares llamados tiendas y bares. Hay rumores de que aún existe el legendario bocadillo de panceta con cerveza. Aseguran que los pagos son mediante un billete de 50$A (cincuenta Autonomous), en vez de criptoceferinos.

Hablan de un legendario poblado de guitarristas de jazz que no se critican y compositores de sonetos que no se plagian (eso ya sí que no me lo creo…)

A los fuera de la ley les llaman pequeños emprendedores. Ceferino no puede perseguirlos pues parece que los taxcops no trabajan por debajo de -5ºC.

Mañana salimos. Alcanzaremos Siberia aprovechando la confusión del sistema. Confirmamos el pedido de 500 secadores de pelo en Armazón Primus en 500 direcciones diferentes, todas con el código postal incorrecto. En la confusión saldremos disparados hacia el norte. Esto entretendrá al sistema mientras huimos.

Por si nos persiguen los taxcops, iremos esparciendo por el camino modelos del formulario 111 de Hacienda y declaraciones trimestrales de IVA, y contratos de obra y servicio firmados, para ocultar nuestro rastro.

Yakustk nos espera. Una vida nueva. Pienso abrir un club de jazz o una panadería glutenfree. Dos pésimas ideas, pero algo me dice que Ceferino nunca más nos alcanzará…….