1189. TIEMPO MUERTO
José Luis Baños Vegas | Míster

Aquella mujer era una maestra consumada en el scoting y el pressing; por eso no me extrañó que, tras los postres, me bloqueara contra la mesa de su apartamento. Al comprender que lo suyo era eminentemente personal, busqué algún tipo de ayuda, pero recordé que el escolta tenía orden de esperarme en el coche. La despampanante mujer, tras una pequeña lucha, me asió fuertemente de la pechera y dimos unos pasos hasta su dormitorio. Mi acelerado corazón necesitaba con urgencia un tiempo muerto. Intenté un campo atrás, luego una prórroga; pero ella me marcaba estrechamente. Cuando terminó de desnudarme, admiré su timing.
—¡Has comprendido, Gutiérrez! —me gritó el entrenador mientras las miradas de mis compañeros de equipo se clavaban en mí—. Quedan pocos segundos de partido y tienes que penetrar en la zona contraria como sea.
—Eso pensaba hacer, míster —le respondí con una leve sonrisa y la mirada perdida en la cancha de baloncesto.