Tinder podría haber sido el preludio.
Beatriz Rodríguez Ródenas | Bettypintu

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Ella lo miró con una mezcla de diversión y afecto y dijo: «de habernos conocido en Tinder, y suponiendo que por un casual mi dedo se hubiese deslizado hacia tu perfil, una dama de mis características necesita mucho más que «una foto tuya en el gimnasio».

Él sonrió, saboreando el momento compartido, y añadió: «anda ya, no te hagas la remilgada, de habernos conocido en Tinder te apuesto otra remesa de trufas y palmeras a que te habría encandilado desde el principio con una foto en el gimnasio junto a un sesudo aforismo de Nietzsche. Considérate afortunada de que nuestra historia empezase de forma bien distinta».

Sus ojos se encontraron, y en ese instante, el camarero se acercó con la siguiente ronda de bebidas, interrumpiendo su pequeño juego verbal.

Ella aprovechó y se acomodó en su asiento, momento en el que él le acarició el pelo para continuar diciéndole: «espero, amor mío, lucero del alba, ninfa galante y Reina de Saba que te estés divirtiendo mucho, aunque sé que para ti comer siempre supone una alegría desmedida».

Ella tomó un sorbo de su copa y, con un brillo travieso en los ojos, respondió: «Definitivamente me estoy divirtiendo mucho, pero no puedo negar que la comida es parte crucial de mi alegría».