Todas las primeras citas. Todas las primeras veces
Rebeca Alcántara Garrido | Rebeca

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Primavera. Mayo. Sol. La ciudad abriéndose por fin a ti paso. No hay ninguna estación del año mejor para verte por primera vez.

Nudo en el estómago. Nervios. El espejo. ¿Y si le digo que al final no puedo? Miedo. ¿Y si sale bien? Ganas.

La quedada en territorio amigo, a 500 metros de casa, en un bar que ella aún no conoce, porque aún no conoce casi nada de esa ciudad. 2021. Mayo de 2021. A la gente le cuesta todavía besarse. Y todavía no puedes recorrer las calles hasta la madrugada. Cita con toque de queda. Si lo piensas, no está mal para la primera vez. Si va mal, no habrá que poner excusa para marcharse cuando llegue la noche.

Vestido de flores. Es primavera. Y entrar al bar por la ventana en lugar de por la puerta, porque la ventana parece también una puerta. Ella torpe siempre. Desde el inicio. Torpe y nerviosa. Cuesta mirar a los ojos. Cerveza y charla. Un registro policial en el edificio que hay frente al bar. En el portal que hay frente a la mesa con vistas a la calle. No está mal, le gusta más de lo que esperaba. No esperaba casi nada. Sonríe mucho. Y la mira. Se miran. Él va al baño. Ella coge el móvil: chicas va bien. ¿Le habrá escrito él también a alguien para contarle qué le está pareciendo? Quizás. Nunca se sabe.

El tiempo vuela. Los minutos segundos. Y mierda, hay toque de queda. Las 11. Las 11 que parecían lejanas cuando salió de casa y aún era de día y aún no sabía y aún dudaba. Las 11 que ahora han llegado y han estallado y que quiere que se vayan. La camarera que se acerca y les recuerda que tienen que irse. El camino hasta la esquina de la calle, nerviosos, dubitativos, expectantes. Ella dejándose querer por una vez y él torpe, porque es torpe, despidiéndose con un choque de codos que ahora parece una distopia.

Direcciones opuestas. Ella desanda los 500 metros hacía su casa repleta de dudas. Sin saber. Se enciende la pantalla del móvil. “Soy torpe, lo siento, nos vemos pasado mañana”. El mensaje de después que te abre una mueca en la boca que se queda contigo hasta la siguiente cita. Y todos los demás mensajes que te hacen flotar.

La primavera se llenó de primeras citas en una casa sin sofá, en un teatro a oscuras, bailando frente a la televisión, en casa de unos amigos, y en el fin del mundo. Y siempre, cada vez, fue una primera vez, con toda esa magia.