336. TODOS LOS AGENTES DEL FBI USAN GAFAS DE SOL
Gustavo Jiménez Limones | GusLemon

Todos los agentes del FBI usan gafas de sol. Todos menos Tanen. Tanen no podía usar gafas de sol. Cuando era niño había sufrido una enfermedad en los ojos y desde entonces lo veía todo oscuro. Para él siempre era de noche y encendía la televisión a cualquier hora para ver las noticias de las nueve. En muchas ocasiones se encontraba con las noticias de las tres o, lo que es peor, con las de las ocho y media destripándole el contenido de las de las nueve. Su vida era dura, dura y oscura.
Su jefe, Buckanan, le llamó un día a su despacho.
– Esto es el FBI. Debes usar gafas de sol.
– No puedo, cuando era niño sufrí una enfermedad en los ojos y desde entonces lo veo todo oscuro.
– ¡Esto es el FBI!
Tanen no pudo rebatirle esta afirmación y accedió a ponerse gafas de sol aunque eso supusiera no ver nada. A partir de entonces no pudo ver las noticias de las nueve, ni las de las ocho y media. Solo las escuchaba, así que vendió su televisor y compró una radio.
Desde que se puso las gafas de sol, Tanen comenzó a detener inocentes. Detuvo a una mujer acusándola de hacerse pasar por su madre cuando en realidad era su madre. El marmitako no estaba en su punto y eso le pareció prueba suficiente. La señora todavía cumple condena en San Quintín.
Un día Tanen fue a ver su jefe para que le eximiera de usar gafas de sol, pero como no veía estuvo rogándole toda la mañana a Mirta, la mujer que se hacía pasar por limpiadora y que en realidad era una espía durmiente, pero solo de noche. De día era una espía normal. Para sacárselo de encima Mirta puso voz de hombre y le pidió que aportara un justificante médico.
Mirta había planeado poner un bomba en los cuarteles del FBI. El día D, es decir, el día D poner la bomba, la espía abandonó un maletín con el explosivo en un pasillo. Como era una asesina pero honrada, hizo una llamada para avisar. Buckanan sabía que el único agente que podía desactivar el artefacto era Tanen. La bomba tenía un cable rojo y otro azul, como todas las bombas, pero Tanen no veía los colores, ni siquiera veía los cables. Dio algunos tijeretazos al aire intentando cortar el cable correcto, pero vio, figuradamente, que era inútil y huyó del lugar justo antes de que el explosivo estallara.
Buckanan estaba muy enfadado con Tanen:
-¡Maldito seas Tanen! ¡Esto es el FBI!
Tanen no pudo rebatirle esta afirmación.
Para que pudiera seguir trabajando Buckanan le asignó un perro lazarillo. Tanen lo llamó Tormes. Con el tiempo Tormes ganó tres medallas de honor mientras que Tanen, humillado, pidió la jubilación anticipada. Como suele suceder en estos casos Tanen fue abatido en el cumplimiento del deber dos días antes de jubilarse. Tormes aún vela su tumba esperando que se levante, el muy tonto.