528. TRAGICOMEDIA
Luciano Montero Viejo | COMETA AZUL

Todos los actores deseábamos, pero también temíamos, trabajar con aquel director de escena. Era una original y pintoresca celebridad internacional, capaz de vestir a Medea de astronauta o de hacer que Otelo trabajase en una mina de carbón. Sólo dirigía tragedias, lo cual concordaba con su ácido carácter. Se sabía que era irrespetuoso y despótico, pero me sentí afortunado cuando me llamó para una prueba.
Únicamente estábamos él y yo, disfrazado de bailarina y con un orinal en la mano. Las rodillas me temblaban cuando, con un hilo de voz, declamé el conocido “ser o no ser”. No me extrañó que estallase en carcajadas, aunque me pareció excesivo que se prolongasen más de diez minutos, y me alarmé cuando le vi amoratado e incapaz de respirar. Le diagnosticaron muerte por apoplejía.
En el ataúd todavía sonreía de oreja a oreja. Y pensar que aquel hombre detestaba los finales felices.