418. TRANSFUGUISMO GEOSOCIAL
Ramón SÁNCHEZ GARCÍA | Carpeto Vetónico

TRANSFUGUISMO GEOSOCIAL

Mi amigo Aitortxu es un noblote chicarrón norteño que se jacta orgulloso de sus siete apellidos endémicos para presumiendo de autenticidad en una sociedad plagada de camelos y sucedáneos.
Está enamoradísimo de su tierra y no cambiaría la montañosa y verde Euskadi por ningún paraíso conocido, ni aun en los maravillosos mares del sur con gastos pagados.
Porque, para él, todo lo vasco es único y sin parangón posible fuera de ahí; sitúa las mejores playas europeas en Zarautz y Getaria (para no provocar rencillas entre vizcaínos y guipuzcoanos), aunque veranea por las costas de Almería y Granada, o, como este año de restricciones, pasará una quincena en Cantabria, aún decidir, casi como en casa de tanto paisano soleándose por allí.
La más jatorra zona de txikiteo la enclava en el casco viejo donostiarra (sin olvidar las Siete calles del botxo), claro que, como una gran mayoría de coterráneos, pierde pocos fines de semana sin trasegar por su entendido coleto buenos caldos riojanos en Haro, Casalarreina, San Vicente de la Sonsierra y demás santas parroquias de su enántica devoción.
Que no hay embutidos semejantes a los de Orozko por su calidad y elaboración lo sabe la generalidad de mortales, pero en su despensa cuelga piezas onubenses o salmantinas, y cuando la estrechez aprieta por encima del ombligo no se recata en hincarle el diente a cantimpalos segovianos o a celebradas charcuterías de León y Burgos, que tampoco están mancos y resultan menos gravosos al pecunio.
Que para piparras las de Gernika, y se atiborra de pimientos de Padrón y del piquillo navarros. ¿Quesos?, Idiazabal y del Roncal, sin duda, aunque se pirra por embucharse unos picones asturianos o de Pata de Mulo de Valladolid.
En cuestión de carnes las portadoras del Eusko Label y Euskal Okela son bocatto di cardenali, pero enseguida pierde su fe de creyente frente a un chuletón de Ávila, un corderito de Aranda de Duero o un tostón de Segovia.
Por supuesto, las más exquisitas conservas y escabeches se producen en Bermeo y Mutriku, aunque no menosprecia a las de Santoña y Vigo.
¿Patatas?, ningunas como las alavesas, y sin embargo se surte de bolsas y bolsas de carísimas y especialísimas patatas francesas compradas en el Eroski.
En cuanto al idioma considera que el euskera es exclusivo y debe prevalecer como nexo de comunicación entre vascos de toda clase y condición, pero se siente comodísimo con el castellano y comprende que todos a su alrededor saben de lo que habla y se relaciona perfectamente en cualquier ambiente.
Y para terminar, dos apuntes: que en el País Vasco se vive como Dios, pero está todo carísimo, y que como las neskas autóctonas no existen mujeres semejantes, si bien él está casado con una chica colombiana, reside en Miranda y sus dos hijos nacidos en Santander sólo saben decir aitá en la lengua vernácula, ¿se estará convirtiendo a la universalidad común a la que tiende la raza humana?
RESPUESTA: ¡A la fuerza ahorcan!

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