1427. TRES IDIOTAS Y UN DESTINO
Aida Campos Bescós | Aida Campos

Eres idiota. Y además tienes 16 años. Y además no tienes saldo en el móvil. Sí, he dicho saldo, porque hablamos del 2002. Y en 2002 si no tienes saldo en tu Alcatel One Touch Easy, estás en la mierda. Y además, como buena idiota adolescente, tiendes a juntarte con más de tu misma especie. También idiotas y sin saldo. Y os subís todas al tren (sin pagar, obvio, que son solo 3 pueblos) para ir a ver a los chicos con los que habéis quedado. Empezamos a charlar y sin saber cómo, ahí está el revisor. Nadie le ve aparecer, no sabemos cómo lo ha hecho, pero no ha dado tiempo ni de huir. Es como si hubiera hecho una bomba de humo, pero al revés. Vamos, que han pasado 20 años y todavía Iker Jiménez no se explica semejante aparición.

Nos echa del tren, lógico. No dejamos de ser tres idiotas sin ticket, dinero… ¡Ni saldo!
No podemos avisar de que llegamos tarde y el próximo tren pasa en una hora. Somos tres idiotas y un destino, al que hay que llegar como sea.
Ojo que viene la solución con ovación en pie para la iluminada que lo propone: hacer autostop. ¿Lo oyes? Es nuestra última neurona matándose. Claro que sí, planazo.

Pues ahí tienes a tres idiotas en pleno agosto a las 5 de la tarde, levantando el dedito en medio de una rotonda. Y paran, claro que paran. Un tipo que va conduciendo sin camiseta. “Normal, con este calor…” es lo que piensan las idiotas justo antes de subirse al coche. Las tres sentadas detrás, y aquí la menda sentada en medio, como siempre, sujetando una carpeta que había sobre el asiento con un trapo encima. Y es entonces, mientras tratas de ser educada con la persona que al fin y al cabo te está salvando el culo, cuando la idiota sentada a tu derecha no para de darte codazos, porque se ha dado cuenta de que el simpático chófer va desnudo. “El cinturón le tapa lo justo”, te susurra mientras das gracias al cielo de que tu perspectiva no te permita ver a lo que se refieren esas palabras. La idiota de la izquierda, que tampoco lo ve ni se está enterando de nada, continúa charlando con él mientras nos mira con desaprobación por los murmullos y risas. Sí, nena, aquí hay 3 idiotas, pero también un tipo desnudo. ¿Algo más que añadir? Sí, darte cuenta entonces de que el “trapo” sobre la carpeta que vas sujetando todo el viaje, no es un trapo sino sus calzoncillos, y vas haciendo malabarismos en cada curva para que bajo ningún concepto esa tela roce tu piel.

Pero al menos haríais una foto a la matrícula de aquel tío… No baby, te repito one more time, que estamos en 2002. Y aquí no hay saldo, pero tampoco Wifi, ni móviles con cámara ni por lo visto sentido común. Solo hay tres idiotas con mucha suerte.