Trío inesperado

Conocí a un hombre en un local swinger. Yo iba con un folla amigo y él con una folla amiga. Mi acompañante se fijó en ella y yo en él. Era un hombre musculado, no excesivamente alto, rubio, ojos claros y se la estaba follando maravillosamente bien. Sus jadeos y gritos de placer no dejaban lugar a dudas. Nos acercamos a ver si nos permitían jugar con ellos. Froilán, mi acompañante, insistió bastante y accedí. En cuanto nos acercamos, nos abrieron el camino para que formáramos parte del juego. Ella estaba extasiada por el ritmo que llevaban durante un rato y nos dejó a los tres a solas. Dos hombres para mi, solo para mi. Hubo un momento de vértigo, de no saber qué me iba a deparar la situación. Froilán me dejó hacer. Cogí con mi mano la verga del desconocido, comencé a masajearla y me dieron ganas de llevármela a la boca. Lo hice cuando mi acompañante me lo dijo: “Chúpasela”. Me la acerqué y noté su dureza y su tamaño. No cabía en mi boca, él apretaba y llegaba a mi garganta. Sujetaba mi cabeza para hacerlo. Me estaba encantando que me miraran mientras lo hacía.

Froilán sacó un preservativo de la bolsa que llevábamos siempre preparada para estas situaciones. Lo sacó de su envoltorio y, abriéndolo, se lo colocó a ese Adonis pidiendo que me follara. Eso me puso a mil por hora. Me giraron para colocarme a cuatro patas con los pies colgando del colchón. Froilán quería que se la chupara mientras el otro hombre me follaba por detrás. Duró poco la postura. Cuando esa dureza accedió a mi coño me volví loca. ¡ Qué placer ! Me concentré en sentir, en controlar la presión que sobre mí ejercían sus embites. Tenía fuerza y tras unos cuantos caderazos logró que mi cuerpo cayera de bruces en el colchón. Viendo que de ahí no me podría mover, se colocó sobre mí y siguió en su empeño. Me estaba encantando, mis gemidos se oían por todo el local. Y me corría, y me corría… los orgasmos se concatenaban sin que me diera tiempo a recuperarme de uno y ya tenía ahí otro. Mi cuerpo estaba muy agradecido de ese placer. 

Ese día teníamos prisa. Mientras disfrutaba pensaba en que nos teníamos que ir ya, así que tras unos cuantos orgasmos más, nos despedimos con un par de besos de la pareja, diciéndonos los nombres y deseando que nos volviéramos a ver. Nos habíamos encantado.

Mientras estábamos en los vestuarios pensamos que estaría bien darles nuestra tarjeta para que se pusieran en contacto con nosotros. No confío en los encuentros de esta forma y no creía que volviera a saber de ellos pero, me equivoqué. 

A la mañana siguiente, recibí un whatsapp: “Hola, soy Jesús, nos conocimos ayer”

La felicidad se vio reflejada en mi cara en ese momento y me acompañó durante más de un año de relación con ese hombre.