1195. TUPPER DE ATÚN
Cristina Navarro Soler | A todo que sí

Durante un tiempo trabajé en una oficina donde, de 14:00h a 15:00h, todos los empleados comíamos en una mesa grande y alargada que teníamos en el office, junto a un microondas y una máquina de café. Seríamos unas diez personas en total, con los jefes incluidos. Normas de la empresa. “Tenemos una visión muy europea, estas cosas refuerzan el equipo”. Lástima que para las condiciones salariales o la flexibilidad de horarios no fueran tan modernos.

Pues cada mediodía había una auténtica competición de tuppers. Cada cual más pro, más elaborado y más gourmet. No podías escapar. A la hora de empezar a comer, abríamos nuestras respectivas fiambreras y todo el mundo observaba con detalle el contenido de los recipientes ajenos. Qué presión. Yo nunca entré en la competición. De hecho no fui ni aspirante. Ni ganas, la verdad. Pero claro, a la hora de la comida, los ojos de los demás también juzgaban mi tupper mediocre de arroz blanco con atún.
Yo variaba principalmente entre tres platos: ensalada de atún, arroz con atún y patata hervida con atún. Efectivamente, el atún es uno de los pilares de mi dieta. Atún de lata eh, que soy clase trabajadora. Bueno, bonito y barato. Además, no ocupa espacio en la nevera. Sí, dicen que hay que consumirlo con moderación, porque contiene mercurio, y que a grandes cantidades puede ser tóxico. Oye, a veces hay que tomar riesgos en la vida, que el futuro es de los valientes; bueno, esto si puedo seguir disfrutando de mi querido atún, porque con lo que están subiendo los precios, quizás tengo que pasarme al arroz con macarrones. Y la fruta y la verdura…ni olerlas. Yo que soy estreñida, me voy a gastar lo que no me gaste en vegetales en supositorios. O voy a tener que empezar a robar kiwis.

Los demás jugaban en otra liga. Que si tallarines con verduras salteadas al wok con salsa de coco y setas shiitake, bacalao al pil-pil con arroz salvaje y tempura de verduras, dorada al horno con guarnición de patatas y zanahorias baby… perfectamente alineadas. Pero a ver, ¿cómo puede ser? si la chica ha venido en moto y lleva la comida en la mochila. Esta ha ido al lavabo a recolocar las zanahorias antes del momento tupper, a mí no me la cuela.
Todavía me pregunto para qué competían exactamente. ¿Para conseguir un pin? El pin al gilipollas que pasa más tiempo por la tarde, al salir del curro, encerrado/a en la cocina, preparando un plato delicioso para meter de nuevo en el tupper y llevárselo al trabajo al día siguiente, y que se va a comer a disgusto junto a sus compañeros, porque la mayoría le caen como el culo.

Ay… con lo a gusto que hubiera estado yo comiéndome mi tupper de arroz con atún en el parque de enfrente, con el solecito en la cara, y disfrutando de mi merecido descanso.