921. TUS PIES BIEN A CUEBIERTO
David Marcos Bayona | Vía Maris

Durante el 2020 vivimos múltiples horrores y decepciones. Lo que empezó siendo un año más, acabó siendo todo un desastre. Expuestos únicamente a las cuatro agobiantes paredes de nuestras habitaciones, han surgido ideas y pensamientos de lo más dispares; negacionismo, conspiracionismo, control mundial por parte de pequeños lobbies, en fin, ¿qué os contaré yo que ya no sepáis? Entre este océano en el que nos hemos bañado de locuras y absurdidades, hoy os traigo una luz al final del túnel. Un vaso de agua bien fresquita en medio de un sofocante desierto. Un instante de lucidez tras décadas de demencia: La importancia del uso de zapatos con cordones.

Quiero decir, ¿qué loco, sin intención de ofender, saldría de casa sin zapatos con cordones? En la comodidad de la casa propia cada uno es libre de llevar el atuendo que desee, incluido cualquier accesorio pedestre que pueda imaginarse. Pero, al salir a la calle, estoy seguro de que todos estaréis de acuerdo que lo más óptimo es llevar zapatos. Cómo saldríais sino, ¿descalzos? El suelo del exterior está lleno de piedras puntillosas, suciedad, desechos, charcos e incluso, dependiendo de dónde os metáis, pis. Y nada de esto es agradables de pisar con el pie desnudo, creedme, que lo he probado.

Vale. Vosotros diréis: ‘’¡Si los zapatos con cordones no son el único calzado cómodo que proteja debidamente el pie! También existen los mocasines, las merceditas, los zapatos de tacón, los zapatos de claqué, los zapatos de payaso o los zapatos de esquí’’. Y sí, estaréis en lo cierto, pero también os voy a dar unas razones irrefutables de por qué anteponer los zapatos con cordones ante cualquier otro zapato pordiosero.

Para empezar, el elemento más propio de los zapatos con cordones: los cordones. Esto es algo muy infravalorado e ignorado, pero que es realmente un complemento más de moda. Los puedes ir cambiando y complementarlos con el color de tu ropa o de tu pelo, ¡o mejor! de tus ojos. Eso sí que es ir a la última. Por otro lado, este atuendo también os puede salvar de algún que otro apuro como arma de defensa personal. Si te desatas un poco los cordones de manera que os quede el pie algo holgado y le propinas un puntapié al aire, el zapato saldrá disparado como un arma arrojadiza hacia tu objetivo, pocas cosas son más desconcertantes que te lancen un zapato con cordones a la cara. Y, si tienes gatos, puedes jugar con ellos con tus cordones; si es que son todo ventajas.

Y lo que es el propio zapato, mientras tenga suelas, ¿qué más queréis? Con eso ya estaréis resguardando a vuestros pies de los hostiles peligros de la corteza terrestre. Así que, si no tenéis un zapato con cordones, ya sabéis qué es lo próximo que tenéis que hacer.