38. ÚLTIMA HORA
Candela Rodiles-San Miguel Olalla | Kurokonegro

La madrugada del pasado 10 de enero se realizó el primer trasplante de corazón de cerdo a un humano. Se trata de un logro sin precedentes, pero preocupa el desarrollo del paciente, quien tras despertar de la anestesia se ha retorcido entre gritos y lamentos, ante la preocupación de estar conectado a la serie de máquinas de las que depende su vida. El hombre de cincuenta y dos años se ha propinado varios golpes con un ecógrafo que se encontraba cerca de su camilla, provocándose daños externos en el rostro, el abdomen y las piernas. Abrumados por esta inesperada reacción, los médicos han procedido a la sedación completa del paciente, que actualmente se encuentra inconsciente, y se ha convocado una reunión de urgencia.

Los profesionales han optado por cubrir las magulladuras con tejidos del mismo animal. Se trata de un procedimiento rutinario y puramente estético, pero aún se desconoce cuál será la reacción del hombre una vez vuelva de este segundo letargo y descubra los parches que ahora adornan su cara y algunas zonas de su torso. Las posibilidades de que el cuerpo rechace los nuevos tejidos son ínfimas, pero el desgarro emocional experimentado tras la operación anterior ha obligado a los médicos a pensar en una solución en caso de repetirse un incidente similar. «De encontrarse a disgusto con su nueva imagen», ha comunicado el director del hospital, «hemos acordado que se llevará a cabo un trasplante de cerebro. Del cerdo se aprovecha todo». Preocupa, sin embargo, que el hecho de saberse animal pueda despertar en el paciente un incómodo deseo de libertad, para el que aún la ciencia no ha encontrado remedio.