1293. ÚLTIMO TANGO EN GÉNOVA
PABLO DOMÍNGUEZ BRAVO | PABLO_HONEY

A. removía la sopa haciendo un torbellino que salpicaba. Solía hacer eso cuando quería Twittear para meterse en algún berenjenal. Su prudencia católica-apostólica-romana confrontaba con sus ganas de volver a ser objeto de meme.
Su bagaje en tal empresa era inmejorable tras haber llevado la cuenta de aquel chucho llamado “Pekas”.

Era consciente de que las filtraciones del partido la dejaban en una posición para que sus feligreses salieran debajo de las piedras. Ni siquiera tendría que sacar los tanques, comodines, la estrellita del Super Mario, de cuando la cosa se complicaba: Venezuela, Comunismo, enemigo-España, Aborto. O tirar de su rico ideario: Libertad, España Unida, Nasciturus.

En la misma ciudad, otra vida, pero la misma mirada felina, C. se preguntaba cómo habían llegado a esto si no se les había acabado el amor de tanto usarlo. Y esas fotos junto a A., publicadas en tuenti 2008, que ahora corrían como la pólvora, eran el recuerdo de lo que pudo haber sido y nunca será. Él solo quería que la patrona de las tabernas abiertas en tiempos del COVID fuera un poco menos Mainstream en el imaginario colectivo del Cayetanismo. Solo reclamaba su cuota de protagonismo, como lo hacen los hijos únicos cuando monopoliza la atención el primo tonto del Pueblo siendo usado de monito de feria en las Monterías.

A C. le agobiaba la idea de coincidir con A. en conciertos de Taburete. A. maldecía no haber sido nunca pareja de C. porque eso significaba que podían encontrarse, porque «lo bueno de Madrid es que no puedes encontrarte con tu ex» (Evangelio según A.) Ambxs tenían una pena como las de las folclóricas cantando al marido que va a por tabaco y nunca vuelve.
Romper vínculo mediante “dejar de seguir y bloqueo por Instagram”, el “no es por ti es por mí” de estos tiempos convulsos, era demasiado pueril para estas dos personalidades complejas. El canto de cisne de A. y C. tenía que llegar en algún lugar, en el cual, en otro tiempo habrían intercambiado complicidad y empatizado sobre la Unidad de España.

El lugar del último baile sería en Club Fishermans, coctelería y clase para el broche de oro de estas almas abanderadas de la libertad.
El encuentro empezó tenso. Pero, C. sabía cómo robarle una carcajada.
-¿En qué se parece Clara de Heidi con E.?- Esto va sobre ruedas, pensaba C.
A. ponía en marcha la noria de sus ojos, lo aprendió de Marujita Díaz y le valía para expresar tristeza, alegría, frío, existencialismo, delirium-tremens.
– A fuego lento, tu mirada-. Replicó C.
– Lo siento, C., ya sabes que nunca me he “casado” con nadie. Tampoco soy chica “al_uso”.
– Siempre nos quedará Génova-

C. se dio la vuelta, pensando que tras su “huida voluntaria”, el nuevo affaire político se parecería a una canción de Tam Tam Go: Manuel-Isabel.

*Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia