985. UN ALTO EN EL CAMINO.
ALBERTO VAZQUEZ GAITAN | GUAU

A TRAVÉS DE LA VENTANILLA, EL JOVEN NACHO VEÍA EL PAISAJE OTOÑAL DE AQUEL LLUVIOSO MES DE OCTUBRE, QUE REGALABA ESTAMPAS IDÍLICAS A LOS QUE POR AQUELLA AUTOVÍA TRANSITABAN A ESAS HORAS DE LA TARDE, EN LA QUE POCOS CONDUCTORES OCUPABAN LOS DOS AMPLIOS CARRILES DE AQUEL CAMINO.
JUNTO A ÉL, EN EL ASIENTO TRASERO, SU COMPAÑERO ALBER, SIENDO PEDRO EL CONDUCTOR Y ALEX EL COPILOTO. ATAVIADOS CON ELEGANTES TRAJES DE CHAQUETA, LUCIENDO UNA PAJARITA NEGRA QUE CONTRASTABA CON EL BLANCO DE SUS CAMISAS, LOS CUATRO JÓVENES REGRESABAN DE CANTAR JUNTO A SU CORO, DE UNA PARROQUIA EN UN RECÓNDITO PUEBLO DE LA SIERRA SUR SEVILLANA.
ALBER, PREOCUPADO, CONTAMPLABA A SU AMIGO NACHO, CUYO ROSTRO REFLEJABA QUE ALGÚN DOLOR TURBABA LA SERENIDAD DE SU HUMANO ESPÍRITU. QUIZÁS FUERA, PENSABA, EL ALCOHOL QUE HABÍA INGERIDO EN EL BAR DEL PUEBLO, QUE COMENZABA A HACER EFECTO EN EL ESTÓMAGO DEL JOVEN, COMO OTRAS VECES HABÍA PASADO.

– TÍOS, ME ESTOY CAGANDO -DIJO NACHO.
– AGUANTATE UN POCO -DIJO PEDRO-. AHORA PARAMOS EN UNA GASOLINERA.
– NO PUEDO, TÍOS, SE ME SALE -GEMÍA NACHO, DEJANDO ESCAPAR UNA SILENCIOSA VENTOSIDAD QUE REGALÓ AL COCHE UN HEDOR CAPAZ DE MAREAR A UN POCERO.

DESVIANDO EL COCHE EN LA PRIMERA SALIDA, PEDRO CONDUJO HASTA LA CUNETA DERECHA DE UNA CARRETERA SECUNDARIA, JUNTO A UNA ROTONDA SOLITARIA DONDE LOS ÁRBOLES DABAN SOMBRA. NACHO VOLÓ MÁS QUE CORRIÓ FUERA DEL VEHÍCULO, DESABROCHÁNDOSE SU PANTALÓN A TODA PRISA.
SIN DARLE APENAS TIEMPO, SOSTENIÉNDOSE LA CORBATA PARA NO MANCHARSE, ASÍ COMO LA CHAQUETA, NACHO SE PUSO EN CUCLILLA EN EL ASFALTO DE AQUELLA CUNETA, DEJANDO ESCAPAR NO SOLO UNA SONORÍSIMA VENTOSIDAD, SINO UNA TORRE DE MATERIA FECAL CUAL SI FUESE UNA MANGA PASTELERA ESCUPIENDO MASA DE CHURROS.
EL OLOR LO INUNDABA TODO, MIENTRAS A CARCAJADAS REÍAN ALBER, PEDRO Y ALEX ANTE TAN CÓMICA ESCENA, CUANDO DE REPENTE, UN COCHE APARCÓ A ESCASOS CIEN METROS DE ELLOS, NO TARDANDO EN SALIR DEL MISMO UN PADRE JUNTO A SU HIJO, QUIEN LLEVABA ABRAZADO UN SIMPÁTICO PERRITO.
CARIACONTECIDO, EL PADRE DIJO A SU HIJO QUE REGRESASE AL COCHE ANTE TAN DANTESCA ESCENA, NO PUDIENDO EVITAR QUE EL PERRITO, CURIOSO, SE ACERCASE HASTA NACHO CON SIMPATÍA CANINA, PARA SALUDAR A AQUEL ELEGANTE JOVEN EN TAN COMPROMETIDA CIRCUNSTANCIA.

– ¡BOBY, VEN! -LE DECÍA EL NIÑO, RIENDO DESDE EL INTERIOR DEL COCHE, MIENTRAS VEÍA A NACHO LEVANTARSE PARA TRATAR DE OCULTAR SIERTAS ZONAS DE SU ANATOMÍA QUE AL AIRE EXPONÍA.

TRAS DESAPARECER DE ALLÍ EL COCHE, LLEGÓ LA HORA DE LIMPIAR EL ORIFICIO DE SALIDA, NO HABIENDO PAPEL NI PAÑUELOS, TAN SOLO UN GORRO DE PAPÁ NOEL EN EL MALETERO, QUE FUE USADO POR NACHO COMO IMPROVISADA TOALLITA HIGIÉNICA. LAS RISAS DE SUS COMPAÑEROS ARRECIARON, AL VER TAMBIÉN LA MANGA BLANCA DE SU CAMISA, EMBADURNADA CON LA MARRÓN MATERIA QUE YA TEÑÍA HASTA LA BLANCA BOLA QUE REMATABA EL ADORNO NAVIDEÑO.
Y HASTA LOS ÁRBOLES PARECÍAN DESPEDIR ENTRE RISAS A AQUELLOS JÓVENES, QUE DEJARON EN EL ASFALTO MEDIO KILOGRAMO DE ABONO RECIÉN PLANTADO.