428. UN AULLIDO AL AMANECER
José Luis Guerrero Carnicero | Urregore

Sé despertó completamente desnudo en medio del bosque y escuchó un lejano aullido. El sol estaba haciendo su aparición por el horizonte, pero aún se distinguía la silueta de la luna llena. Sentía dolor en cada centímetro de su cuerpo, pero lo peor era no recordar absolutamente nada. Mientras se incorporaba, haciendo un notable esfuerzo, escrutó con la vista los alrededores y sintió cierto alivio al comprobar que no había ningún resto de sangre sobre la hojarasca. Tras orientarse, emprendió el camino a su casa antes de que hubiese más testigos de su ignominiosa situación. Ya no podía seguir ignorando el problema, o aprendía a controlarlo o tendría que dejar de participar en botellones.