UN AUTOBÚS MUY ESPERADO
CARMEN VILLARREAL CORRALES | eltrendelucia

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Cuando la chica dio la vuelta a la esquina, el autobús ya estaba empezando a moverse.

Con una rápida carrera, consiguió llegar a la parada justo antes de cerrarse las puertas del vehículo. Se subió, casi sin aliento, mientras trataba de rescatar la tarjeta de transporte del fondo de su bolso. Sin éxito, y bajo el malhumorado gesto del conductor y del resto de pasajeros impacientes por proseguir camino.

– Un billete, por favor.

Se volvió para descubrir la mirada más sincera y divertida que jamás había visto. Un chico más o menos de su edad, desde la primera fila de asientos, le ofrecía al chófer las monedas suficientes para cubrir el viaje de ella.

– Gracias.

Él se apartó un mechón de pelo castaño y rizado de la frente y se movió para ofrecerle el hueco de al lado, que ella aceptó sin vacilar. Tan cerca el uno del otro, algo les decía que, por fin, se habían encontrado. La sensación de haber llegado a casa después de vagar sin rumbo fijo.

Ambos olvidaron a donde iban.

Varias paradas después, él la cogió fuertemente de la mano y, con un guiño, le pidió que se pusiera en pie para bajarse.

Entraron en el primer bar de Malasaña con el que se toparon, un sitio acogedor, y tomaron asiento en una mesa de madera con banco. Pidieron dos cervezas que se hicieron eternas.

Sin poder evitarlo, se besaron por primera vez. Y aquella caricia era lo que los dos necesitaban.

Poco antes de cerrar, una desconocida se acercó y les enseñó una foto que les había hecho con su móvil. Le había emocionado tanto ver el amor tan sincero que les envolvía que no pudo evitar hacérsela.

Aquel momento en el tiempo seguiría vivo durante décadas, dentro de un marco, en el tocador de Lucía.