956. UN BUEN DÍA LO TIENE CUALQUIERA
Raquel Reyes Sánchez | Raquel Reyes

No ha sonado el despertador. La entrevista es a las nueve y son las ocho y media. “¡Te lo dije!, ponte dos alarmas, pero nunca me haces caso” dice Tino. Mientras exprime el tubo de pasta de dientes, piensa por qué siempre se le olvida cambiarlo. No ha planchado el traje, lo iba a hacer esa mañana, si el despertador hubiera colaborado. Pensó: no se nota, ahora se lleva el look casual. “Casual sí, pero parece que vengas de una rave Fernando” Tino seguía en pie de guerra. “¡¿Te quieres callar?!” gritó Fernando.
Sale de casa a toda velocidad y le asalta Teresa: “la reunión es a las siete”. “¿Qué reunión?” dice Fernando. “¡Anda!, pues la reunión para elegir el color de alfombrillas de la comunidad”. Fernando no contestó, pero desde lejos pudo oír el berrido de Teresa diciendo “¡A las siete!”. “Ni los buenos días le has dado” le dijo Tino.
Siete minutos para que llegue el metro. No le gustan los sitios cerrados y con gente, ya se lo dice su psicóloga: “Lo mejor para la claustrofobia es la terapia de choque”, pero él no lo necesita, lo puede dejar cuando quiera.
En el vagón le acompañan la axila sudorosa de un quinceañero que huele hasta con mascarilla, un patinete electrónico golpeándole el tobillo, una señora haciendo una video llamada con sus sobrinitos gritones y un señor con un gorrito colorido y una bandurria canta “Tres cosas hay en la vida”. Hoy no es su día de suerte. “Pues a mí esa canción siempre me da buen rollo” dice Tino.
El edificio donde le habían citado tenía unos veinte pisos y una cristalera que dejaba ver un ascensor. “¡Ni de coña!” le dijo Tino. La chica de recepción mascaba chicle sin parar mientras hablaba por teléfono. Le hizo una señal para que esperara pero él no tenía más tiempo, cogió el auricular del teléfono y colgó. La chica se tragó el chicle, señaló el ascensor y dijo: “Planta catorce”. “¿Y las escaleras?”, “Aquí no usamos de eso” concluye la chica.
El ascensor se abre y el niño que hay dentro le sonríe. Pulsa el catorce. El ascensor para pero las puertas no se abren. “¿Por qué no se abre?”. “No lo sé” dice el niño. Fernando pulsa el botón de la campanita mientras un sudor frío recorre su cuerpo. Está a punto de desmayarse y no deja de escuchar la risa del niño mientras le dice “Está cagado de miedo, ¿pero cuántos años tiene?”. “Macho de aquí no sales vivo” dijo Tino. El niño dice “No pasa nada, mire” mientras salta sin parar. Fernando se agarra a la barandilla con terror mientras la plataforma se mueve como un muelle, “¡para!” grita Fernando mientras el niño no cesa en su divertimento. Por fin, el ruido del motor. El ascensor vuelve a funcionar y se abren las puertas. Fernando sale arrastrándose y ve unas piernas de mujer que le resultaban familiares. Marta, su psicóloga le dice: “Estás curado Fernando”.