441. UN CAFÉ CON LECHE, POR FAVOR
Gloria Cruz Bao | YOYI

Aún tengo veinte minutos antes de coger el bus para ir a la estación.
Me tomaré un café en esa terraza, así, cuando llegue, puedo cruzar corriendo con todos los bártulos.
¡Qué ilusionado estoy! Mi primer día de trabajo y en una de las mejores cafeterías. No sé porqué me suspendieron tantas veces las prácticas en la escuela de hostelería; en los exámenes teóricos sacaba siempre buenas notas y además era profesional y amable.
– El nuevo, a la terraza, que a esta hora hay poca gente.
– Buenas tardes, señorita. ¿Qué desea?
– Un café con leche, por favor.
– ¿Cómo lo quiere?
– Caliente, con leche, normal.
– Señorita, hay muchas variedades de café y países de procedencia y…
– ¿Lo hay español, variedad Salamanca, por ejemplo?
– Disculpe, creo que ese no lo tenemos. Pero hay café de Brasil, Colombia, Etiopía y de variedades Arábica, Robusta…
– De Colombia, con leche.
– ¿Entera, desnatada, semi, con lactosa…?
– De vaca, entera. La leche, digo.
– ¿Con espuma?
– Pues sí.
– ¿Con dibujo? Una flor, un corazón, una mariposa, …
– ¡UNA M……! ¡QUE ME DIBUJE UNA M……!
– ¿De verdad quiere una m……?
– Sin dibujo, pero tráigamelo ya, que me está poniendo de los nervios.
– ¿No preferirá una tila?
– ¡UN CAFÉ CON LECHE!
– Marchando, señorita.
¡Quién me mandaría a mí sentarme en una terraza vacía! Este tipo no tiene nada mejor que hacer que darme la lata.
La primera vez en mi vida que llego pronto a un sitio y ya sólo me quedan diez minutos. Voy a ir separando las monedas para el bus. Espero que me lleguen; no debí de haberme tomado ayer aquellas copas, ahora sólo tengo calderilla. Menos mal que ya aparté el dinero para el tren.
– Aquí tiene su café, señorita.
– Cóbreme, por favor.
– Como no, ahora le traigo el cambio.
Uf, ya llevo mis monedas a mano…
– Aquí tiene su cambio. Ah, muchas gracias por la propina.
¡Pero este tipo qué hace! Me acaba de sacar, cual trilero, todas las monedas de la mesa; en una décima de segundo las tenía en su mano. ¿Y ahora, cómo pago yo el autobús?
Me voy adentro ahora mismo a hablar con el encargado.
– Uno de sus camareros me acaba de robar.
– ¿Cómo dice?
– Bueno, creo que ha sido un malentendido, yo tenía mis monedas en la mesa y…… Le cuento lo sucedido al encargado y le describo al camarero.
– Ah, sí, el nuevo. Disculpe, señorita, ahora mismo…
En esto aparece él con una bandeja llena de tazas de café y al acercarse, enreda sus pies en el asa de uno de mis bártulos y cae sobre mí, tirándome los cafés por encima.
A esas alturas, mi bus y el último tren ya habían salido. No tenía dinero para pagar una pensión ni compañeros a los que pedir ayuda.
Tendría que llamar a mi padre para que me viniese a buscar a más de doscientos quilómetros y todo por culpa de un “café».