78. UN CUÑADO SIEMPRE TIENE RAZÓN
Héctor Daniel Olivera Campos | Sísifo

UN CUÑADO SIEMPRE TIENE RAZÓN

Detestaba a mi cuñado, pero no podía negarle a mi mujer que nos relacionásemos con su hermano, así que tuve que transigir cuando me propuso que las dos familias fuésemos de pic-nic dominguero al pantano.

Apenas nos instalamos en el merendero, mi cuñado comenzó a chorrearme con la victoria de su equipo de fútbol en el derby: «Vaya manita os metimos». Luego sacó su teléfono móvil nuevo y glosó su superioridad tecnológica: «¡Cuñao, anticuao! Menudo ladrillo llevas». Mientras preparaba la barbacoa también tuve que soportarlo: «Macho, no tienes ni puta idea ¡Que se tienen que hacer las brasas!”, soltó con autoridad maciza. “Para brasas ya te tenemos a ti”, no pude evitar replicarle. Mi mujer me lanzó una mirada asesina. “¡Huy! qué piel tan fina tiene el cuñao. Quien se pica, ajos mastica. Si no sabes hacer unas putas chistorras, no te pongas. ¡Manolete, si no sabes torear pa qué te metes!”.

Durante la sobremesa, mi pariente, que siempre fue de listillo, aprovechó para dárselas de culto, él, que no sabía hacer la o con un vaso. «Mira lo que estoy leyendo, ¡cuñao!” Apareció de la nada un libro de Paulo Coelho que agitó frente a mi rostro. Yo le dije que el autor era un charlatán. «¿Qué sabrás tú, cuñao? Este tío derrocha sabiduría y espiritualidad por un tubo. Cucha, cucha: Cuando deseas algo con todas tus fuerzas, el universo conspira para que lo consigas».

No podía terminar la jornada sin que mi cuñado hiciera alguna machada:

-Cuñao, ¿a qué no eres capaz de cruzar el pantano a nado? -me retó- ¿Eh, nenaza?”
-Paso -le respondí-. Además, allí a lo lejos se ve humo, parece que hay un incendio forestal cerca. Deberíamos irnos.
-¡Hermanita! ¿No había otra cosa pa elegir? Pues yo lo cruzo, ¡ea! Que a esta vida hay que echarle huevos, que león manso come mierda.
-No te tires -suplicó su mujer-, que después de comer no es bueno bañarse.

Mi cuñado se lanzó de cabeza a las aguas turbias. La expresión «el monstruo del pantano» adquirió otro significado para mí. Mientras lo veía nadar a crol rumbo a la orilla opuesta desee con todas mis fuerzas que mi cuñado desapareciera de la faz de la tierra. Y, de repente, apareció un hidroavión cisterna del operativo antiincendios que se posó sobre el pantano. El aparato ocultó a mi cuñado y cuando alzó el vuelo, mi pariente había desaparecido.

Tres días estuvieron buscando a mi pariente. Al tercer día apareció a varios kilómetros del pantano. Lo que quedaba de él colgaba de las ramas ennegrecidas de un árbol en medio del bosque calcinado. Parece que el avión, al cargar agua, lo había succionado para después arrojarlo, entre el líquido elemento, sobre las llamas. Al contemplar aquel espectáculo dantesco tuve que darle, aunque me jodiera, la razón a mi cuñado y a Coelho: Cuando deseas algo con todas tus fuerzas, el universo conspira para que lo consigas.