1118. UN DIAMANTE BRUTO
Alejandro Rivas Caraballo | El Puma

‘- Mi compañero de piso Víctor y un servidor, descansábamos agotados en el sofá después de una buena jornada laboral. Somos desarrolladores de videojuegos, asique el término “agotado” era discutible; esa misma tarde nos comprometimos de una vez a buscar un nuevo compañero que llenara la habitación que aun quedaba vacía. Saqué mi móvil, abrí la “App Store”, y busqué una aplicación que me ahorrara el tiempo y el desgaste mental, que conlleva buscar a alguien que quiera vivir con nosotros. Y ese sueño que parecía casi imposible, ocurrió. Mi cerebro colapsó cuando descubrí, que la aplicación era un “Tinder” para compañeros de piso. Tras dos horas rechazando candidatos, y un dolor en el dedo índice indescriptible, apareció él. Obviamente no usaremos su verdadero nombre, asique lo llamaremos “pisha”, porque era de Cádiz. Le escribimos por el chat para indagar un poco más en su personalidad, y en si era compatible con nuestro estilo de vida. Que se tocara los huevos a dos manos, básicamente.

Le comentamos de que viniera al piso el día siguiente para ver si todo estaba a su gusto, y si era el lugar idóneo donde iba a poder desatar su masacre. Nos avisaba desde primera hora de la mañana que iba a llegar tarde; dos horas tarde, concretamente. Cuando por fin, escucho esa irritante vibración provocada por el timbre, que recorría las paredes de toda la casa cuando sonaba, parecía que nos advertía de un peligro. Al abrir la puerta, descubrí esa sensación que solo aparece cuando compras “online”, y es que el paquete que ha llegado, no se parece a lo que pedí. Una persona con un índice de masa corporal muy por encima de los valores que comprenden el término “saludable”. Las manchas de sudor de la camiseta y las escasas lágrimas que resbalaban por su rechoncha cara, me gritaban socorro y auxilio. Nos comentó que lo acababa de dejar con su novia, y había discutido con los padres. Creo que el mismo se dió cuenta, de que era muy difícil que le aceptáramos. Pero lo que “pisha” no sabía es que había llamado a la puerta de las hermanitas de la caridad.

Estuvo con nosotros durante la interminable duración de tres meses. Las primeras semanas eran de toma de contacto y mejorar la relación personal, y lo primero que hizo fue comerse la comida de Victor. No os preocupéis, se disculpó asumiendo que pensaba que la comida era comunitaria, como si fuera un banco de alimentos. Más tarde descubrimos que su dieta consistía en pasar cualquier tipo de alimento por aceite caliente en una sartén, pero dentro de ese protocolo no existía la opción de limpiar la sartén después. Su ex-novia se convirtió en novia un día cualquiera y empezó a visitarlo con bastante frecuencia. Su olor corporal se agarraba a las paredes de su habitación, y poco a poco, a las del resto de la casa, hipnotizándonos a Víctor y a mí para así no poder echarlo jamás.