225. UN ENCARGO MUY ESPACIAL
Cristina Asorey García | Señora Banana

‘- ¡Señoras! ¡Señores! ¡Bajen el tono, por favor!
Don Raimundo Incógnito, delegado nacional y presidente del Comité de Urgencia de la Liga Extraterrestre en España, el CULETE, se desgañitaba tratando de recuperar el control de una reunión especialmente tensa. Y no era para menos. El CULETE había sido designado por los de arriba, los de muy arriba, los de la Estación Espacial Internacional, para una misión de extrema importancia: elegir, en representación de toda la humanidad, un plato que llevar al primer encuentro programado con vida inteligente de la historia, concretamente, con los habitantes del minúsculo asteroide MOTA-491. Un plato que podría agasajar u ofender a los pobladores del planeta vecino y, potencialmente, sentenciar el destino de la Tierra.
Para esta asamblea extraordinaria, habían convenido reunirse en uno de sus puntos de encuentro habituales y también predilectos: la terraza del restaurante Lamucca de la Plaza del Carmen de Madrid.
– ¿¿Alguna pizza más?? – Inquirió la representante coreana, tratando de sobreponer su vocecilla a las de sus compañeros internacionales. Tras escudriñar infructuosamente las caras de los asistentes en busca de alguna mirada que apuntase en su dirección, devolvió la carta a la camarera. – Ya me pedirán, ya.
Tras cuatro horas de debate, el cansancio empezaba a hacerse patente. Pero, aun así, las delegaciones seguían sin parecer dispuestas a ceder ni un milímetro en sus posturas. Asesoradas por algunos de los cocineros y cocineras más reputadas de todos los rincones del globo, llevaban toda la tarde defendiendo sus variopintas propuestas gastronómicas.
– ¡De ninguna manera! Me niego a mandar comida china al espacio cuando es bien sabido que la cocina francesa es la mejor del mundo. – Sentenció el francés. – Creedme, les conquistaremos con unos deliciosos «escargots à la bourguignonne».
– ¡¿Caracoles?! ¡Ni de broma! – exclamó el representante indio, exagerando una mueca de asco.
– Insisto por enésima vez en que lo único importante es que nos vean como una sociedad avanzada. Tenemos que optar por el cremoso de algas y plancton. – Declaró la neozelandesa.
– ¿Otra vez con las algas y el plancton? ¡¡Vamos a morir todos!! – espetó la uruguaya, visiblemente alterada.
De repente, y en el mismo momento en que la camarera depositaba la pizza de boletus, un estruendo golpeó violentamente los oídos de la concurrencia, zanjando la discusión.
Un instante después, un rayo se precipitó desde lo que parecía una gran nube negra hasta el mismo centro de la mesa donde se encontraban reunidos, y el Comité al completo se quedó paralizado.
Tras unos instantes de suspense, la humeante pizza de la delegada coreana, que se encontraba en el centro del foco, comenzó a flotar en el aire, siguiendo el camino marcado por el haz de luz. Las eminencias internacionales contemplaban boquiabiertas cómo el plato se elevaba cada vez más sobre sus cabezas, cuando el presidente del CULETE rompió el silencio con una sonora carcajada.
– ¡Con que pizza!, ¿eh? – Don Raimundo comenzó a agitar los brazos, en señal de saludo, mirando hacia el cielo.