Un encuentro cósmico
Susana Montes | Su Montes

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En un pequeño rincón del universo, donde las fuerzas del destino tejían sus hilos con especial gracia, se gestó un encuentro tan insólito como mágico: el primer encuentro entre un pene y una vagina.



El pene, llamado Pedro, era un espíritu libre, siempre ansioso por explorar el mundo que lo rodeaba. De naturaleza juguetona y curiosa, vagaba por el cosmos con una energía contagiosa. La vagina, por otro lado, se llamaba Valeria, una presencia serena y magnética que irradiaba una calidez reconfortante. Profunda y misteriosa, salvaje, estaba enraizada en la esencia misma del universo.



Un día, mientras Pedro se aventuraba por las vastas extensiones del espacio, sus caminos se cruzaron de una manera que desafiaría todas las convenciones. Al principio, fue solo un destello fugaz en la inmensidad del cosmos, pero algo en sus almas gemelas reconoció la conexión instantánea que compartían.

«¿Quién eres tú?», preguntó Pedro, su voz resonando en el vacío del espacio.

«Yo soy Valeria», respondió la vagina, su tono suave como una brisa de verano. «Y tú, ¿quién eres?»

«Soy Pedro», dijo el pene, sintiendo una emoción inexplicable, burbujeando en su interior. «Nunca antes había conocido a alguien como tú». Yo tampoco dijo ella.



A medida que conversaban, descubrieron que tenían mucho en común. Compartieron historias sobre sus viajes por el universo, sus sueños y deseos más profundos, y las experiencias que habían dado forma a sus vidas. Se rieron , lloraron y se sorprendieron mutuamente con cada palabra compartida.



Pedro y Valeria se encontraban más y más enamorados. Se maravillaban de la forma en que sus energías se complementaban perfectamente, como si estuvieran destinados a estar juntos desde el principio de los tiempos.



Pero su amor no fue sin desafíos. Se enfrentaron a las mafias de consoladores , a la incredulidad de aquellos que no podían entender su conexión única, y a los obstáculos que el universo mismo les lanzaba en su camino. Sin embargo, encontraron la fuerza para superar cada prueba que se les presentaba.



Finalmente, en un momento de pura magia cósmica, Pedro y Valeria se unieron en un vínculo eterno de amor y compañerismo. Sus almas se entrelazaron en un baile celestial a ritmo de reguetón, fusionando sus seres en una armonía perfecta que trascendía la comprensión humana.



Y así, en medio del vasto y eterno universo, un pene y una vagina encontraron el amor verdadero el uno en el otro, demostrando que no hay límites ni barreras que no puedan ser superadas. Porque cuando dos almas están destinadas a estar juntas, nada en el mundo puede separarlas.