1309. UN HÉROE DE MEDIO PELO
Raquel Alcalde Paniego | Cordelia Appel

Curioso caso el de mi vecino, un hombre como cualquier otro, incluso algo más vulgar. De lunes a viernes solo le vemos cuando va a trabajar, podría decir que tiene menos de cincuenta años, pero su baja estatura, su figura redonda y una notable calvicie, le añaden años. Lo paradójico del caso llega los fines de semana, el alicaído y tristón cincuentón, se convierte en un divertido mozalbete que no pierde oportunidad para hablar con los vecinos. Los sábados, en su cara se dibuja una sonrisa, y sus ojos proyectan una alegría contagiosa y ese cambio tan drástico no está producido por otra cosa que su peluquín, que como a un superhéroe al que su antifaz da poderes, así le ocurre a él. Su peluquín tiene el don de convertirle en otra persona, cada fin de semana parece más alto y más fuerte, es un caballero con las mujeres y un buen amigo para cualquier hombre.
El problema llegó un domingo, cuando paseando por la playa oyó los gritos de socorro de una mujer. Con la seguridad que le proporcionaba su exuberante melena artificial, el osado caballero se arrojó a las peligrosas aguas para salvarla. Ya en la orilla, con la mujer en sus brazos, todo el mundo le felicitó. Mi valeroso vecino se hinchó de orgullo, la gente le aplaudía, todo era fantástico hasta que el reflejo del mar le descubrió que su vergonzosa calvicie había hecho presencia, y quitándole el protagonismo, el gran héroe intrépido se convirtió en un pequeño hombre, que cada vez se hacía más pequeño.
Durante dos meses solo le vimos entre semana, más melancólico de lo normal. La añoranza que sentíamos los vecinos por el alegre personaje de los fines de semana nos animó a comprarle otro peluquín y al día siguiente, regresó nuestro héroe de medio pelo.