229. UN HOMBRE EN BUSCA DE CONTEXTO
Carlos Díaz García | Carlos Acosta

En cierta ocasión en que Elisa se había ido de viaje, telefoneé a mi hermano mayor. Llevábamos cuatro meses sin vernos. A decir verdad, nunca hemos compartido mucho. Me obligó a ir a la bolera de Chamartín con sus amigos del trabajo.
– Nos ha dicho tu hermano que te has echado novia.
– Eso parece – dije yo.
– Ten cuidao, que las chavalas nos vuelven locos.
– Sí… bueno… no estoy seguro de entender qué es eso de las chavalas. Como si el conjunto de las mujeres tuviera una conciencia colectiva que actuase intencionadamente en nuestra contra. Suena improbable. Además, ¿qué es la conciencia? Si, según Chalmers, es una experiencia estrictamente subjetiva, entonces se hace imposible saber hasta dónde llega la conciencia. ¿Un murciélago tiene conciencia? Es decir, el bicho se siente a sí mismo, ¿no? ¿Eso significa que es autoconsciente? No lo tengo tan claro. ¿Qué opináis vosotros?
Me echaron de la bolera. Mi hermano es entrenador en un gimnasio.

– En mi opinión profesional, sufre usted un grave caso de descontextualización.
– Te quiero, Mariano.
– Por favor, márchese de mi consulta.

A los pocos días, tenía un compromiso familiar. No quería preocupar a Elisa, así que decidí callarme lo del diagnóstico por el momento. El bautizo de su ahijada tuvo lugar en la parroquia del pueblo, sin incidentes, puede que esté descontextualizado, pero idiota no soy.
Al término, a Elisa le entró un apretón. Perdón… quiero decir, tuvo que ir al servicio.
– Quédate un momento con mi sobrina. Tengo que ir al servicio.
– ¡Claro! Dame la manita, Inés. Bueno… ¿Ya has pasado al cole?
– Sí… – Inesita es un poco tímida.
– ¿Qué es lo que más te gusta del cole? ¿Qué te han enseñado?
– Los di-dinosiaurios.
– ¡Qué chulo! Sabes que fueron exterminados por un meteorito gigante, ¿no?
Se fue llorando. Todos se giraron, intuí por sus caras que estaban molestos conmigo.

Con el tiempo, Elisa me dio un ultimátum. Decía que se había hartado de justificarme ante su hermana, sus padres, los vecinos, nuestros amigos, el portero, la policía……
– O encuentras tu contexto, o te dejo.
– ¿Te crees que es como perder un calcetín?
– Yo no quiero estar con un hombre que no tiene contexto.
Se lo conté a mi madre, me dijo: «eso es falta de sueño, a la Angustias le pasó igualito». Me habló del balneario al que había ido la tía Angustias, en Albacete. Yo no quería ir a Albacete, claro. Pero, por contentar a mi madre, accedí.

Apenas bajé del autobús, lo que vi allí me cambió la vida. Había una tuna. Navajas y machetes por todas partes. ¡La gente se gritaba y se insultaba sin ningún pudor, y nadie parecía escandalizarse! Decidí hacer una prueba.
– Un café, paleto.
– En seguida, pijo de mierda.
En ese momento llamé a Elisa, muy nervioso.
– Cariño, lo siento, pero no voy a volver a Madrid. He encontrado mi contexto.