UN LIENZO EN BLANCO
Desirée valenzuela bañó | DES

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Hay momentos en nuestra vida en los cuales no podemos controlar, que ocurren sin más, como si el destino jugase a los dados con nuestro futuro y decidiera todo sobre nosotros. Las primeras citas se planifican o eso creía yo. 



Esa primera cita, que os cuento fue hace siete años, cuando yo aún era una pequeña e inexperta adolescente, me había sentido como una pieza de puzle que nunca encaja, que nadie quiere, intenté buscar aprobación de todo el mundo para poder quererme yo también, pero nunca me hacen sentir especial, o por lo menos hasta que un extraño chico me llamó la atención, parecerá cliché, pero era mi vecino de abajo, además no me culpéis tenía dieciséis años. 



Él era un chico alto, muy pálido de piel, ojos verdes casi grisáceos, con pelo azabache, pero lo que me llamó la atención de él no fue todo eso sino, que cada día que lo veía su ropa tenía manchitas de pintura de todos los tonos, un día en el ascensor le pregunté por qué siempre iba a si, él simplemente soltó una carcajada y me dijo si quería ir a verlo, sonaba un tanto turbio todo ahora que lo pienso, pero era tanta la curiosidad que sentía sobre el que no me pude negar, cuando el ascensor bajó, entramos a su casa que hacía un olor tan fuerte, pero para mi gusto muy agradable a pintura. Tenía una terraza donde parecía más un estudio de pintura que en sí una terraza, él me explicó que siempre pintaba para desahogarse, para intentar sacar todo lo que tenía dentro, yo intenté hacer como que era una experta en arte aunque la realidad no tenía nada que ver, de hecho pasé bastante vergüenza, pero él simplemente me dio un pincel y sobre un lienzo en blanco me dijo que hiciese cualquier cosa, yo no tenía ni idea de dibujar se me daba fatal, y claro como podría decirle ‘no, no sé dibujar’, como ya estaba bastante incómoda decidí hacer cualquier línea, simplemente ir moviendo el pincel por donde me apetecía. Cuando creí que ya había acabado, intenté buscar su aprobación, pero él no me dijo nada. Cada día iba a practicar con él, hasta que un día me harté y le dije el porqué no le gustaba si para mí estaba genial. 



Y ahí es cuando me di cuenta de que lo que él pretendía es que buscara valor a mí misma, y no esperar que alguien me diera su aprobación, que tenía que tener mi propio pensamiento crítico. 



Y ahora estoy aquí siete años después, en la exposición de aquel chico que me ayudó a entender que es mejor ser tú mismo y no esperar a que alguien te diga cómo debes de ser, y del cual me ayudó a amarme a mí misma primero, después amar a los demás.