UN NUEVO AMIGO
Elena Victoria Herradón Barrio | Victoria H.

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No había dormido en toda la noche. Estaba demasiado nervioso. ¿Cómo no estarlo? A partir de unos pocos minutos mi vida cambiaría para siempre… y estaba más que preparado.

Ayer Sofía se había pasado el día parloteando sin parar sobre este chico que se pasaba todas las semanas por la tienda: que si era muy majo, muy atractivo, lucía responsable… Sin embargo, yo no me había fijado en esos aspectos. Le había visto cada vez que había algún evento de voluntariado, de los cuales no se perdía ni uno, y lo que más me había llamado hacia él había sido su manera de ser.

Es difícil de explicar, pero Sofía siempre dice que tengo una manera muy peculiar de calar a las personas, que nunca me equivoco al juzgarlas. Él fue como un rayo de luz desde el primer momento en el que le vi. Su capacidad de prestarnos atención a todos los que estábamos en la tienda y de hacerlo de buena manera, a gusto, cómodo incluso jugando con los revoltosos de Ben e Iris. Sus ojos color chocolate, del mismo color que mi pelo, que emitían calidez y tranquilidad a quien quiera que tuviera la suerte de encontrarse con su mirada. Y ¡oh! su amable sonrisa, que tenía la capacidad de iluminar hasta a la más negra de las personas, era sin duda de sus mejores cualidades.

En definitiva, él era, sencillamente, buena persona. Y yo estaba perdidamente enamorado.

Por suerte, tenía a Sofía. Sin ella, nada habría sido posible.

– ¡Ay, cómo te voy a echar de menos cuando no estés! – se despidió anoche antes de cerrar –. Asegúrate de que te trata bien, ¿eh? Yo sé que lo hará, pero, bueno, espero que siempre tengas presente que aquí te acogeremos con los brazos abiertos si no te gusta tu nueva vida.

Antes de que se pusiera a llorar desconsoladamente, me acerqué a ella para mostrarle mi amor. Dejé que me acariciara la espalda y me diera un beso en la cabeza. Ojalá pueda volver a verla, porque ha sido mi apoyo, mi amiga – incluso a veces mi madre –, durante más tiempo del que ella piensa. Tiene un corazón tan grande y rebosante de cariño por todos los que estamos a su cargo que es imposible no reciprocarlo. Al final, consiguió que me diera un poco de pena irme. Pero, por otro lado, me moría por iniciar esta nueva etapa repleta de experiencias, aventuras y misterios.

Por fin, antes de que me diera cuenta, después de recibir a los pocos clientes habituales que teníamos, llegó él. Saludó a Sofía con un abrazo y acto seguido se giró hacia mí, con esa sonrisa tan bonita y perfecta plasmada en la cara.

– Tú debes de ser mi nuevo amigo. Toma, tengo algo para ti – se agachó hasta mi altura y me puso un collar alrededor del cuello con una placa, en la que se leía “Pipo”: mi nombre –. ¿Listo para tu nueva vida, perrete?