874. UN PASEO EN ASCENSOR
AMPARO CARBONELL CASTELLANO | orapma

Quinientos sesenta pasos me acercan a la estación de metro, 15 escalones me hacen llegar a sus puertas. Una vez dentro van pasando las paradas, esta vez en total siete, pero cada vez que se va acercando el destino, dentro de mi se aceleraba el aburrimiento que al llegar al hospital se convertía en sensatez y un poquito de simpatía o cordialidad, claro, esperando con eso una buena repercusión que muchas veces la conseguía. Aún así había que continuar hacia delante, subir a la cuarta planta en el ascensor, para entregar el botecito de orina. Menos mal hoy no era la sangre, ni el tac, ni radiografía, ni resonancia. Casi todos los meses desde que cumplí los 18 años (muchos años antes de este suceso) tenia que visitar algún hospital, menos el manicomio, aún tengo que dar gracias que estoy cuerda.

Cada vez que subía en ascensor, me pasaba por la cabeza la posibilidad de un estancamiento pero muy suave casi con humor. Esta vez no fue broma, en el segundo piso dejó de moverse un ascensor diminuto con siete personas dentro. Una de ellas yo.

Me dije: calmate Toña. Me esta empezando a burbujear el pecho, la respiración no me llega ni a la garganta, lo único que noto en ella son palpitaciones y este ojo izquierdo me golpea con fuerza. Que puedo hacer, estoy agarrotada, el codo de este tío que tengo a mi izquierda se me clava en el estomago, no se si pegarle una patada o escupirle en la cara. Si al subir llevábamos un orden, porque ahora no cabemos. La pelirroja de bote está histérica, gritando no para de decir socorro, socorro y de moverse como si estuviera bailando un rock, ha pulsado todos los interruptores. Dios mio estoy sudando de oírla. Necesito quitarme la chaqueta pero no puedo ni levantar la mano. A mi derecha muy pegadito a mí, un abuelo que no para de toser y estornudar, me esta llenando de bacterias. Lo que me faltaba un hombre y una mujer acaban de sacar el rosario y se ponen a rezar en voz alta. ¿Porque no abren? Voy a desfallecer, no se oye nada fuera. Al que más se le oye ahora es al listo del grupo diciendo lo que tenemos que hacer cuando salgamos, ha intentando abrir las puertas, pero… ¿Y si no estamos al nivel del suelo? Por fin se mueve, no se si va hacia arriba o hacia abajo. Hacia abajo, menudo impacto. Al final se abre la puerta, menos mal que estoy detrás y no me empuja nadie.

El suelo está mojado, que bochorno. Se me calló el botecito, que fastidio. No tengo más remedio que volver otro día. Y también está claro cual será mi deporte favorito. Las escaleras.