1522. UN PATRIOTA INASEQUIBLE AL DESALIENTO
Raul Guadian Delgado | Espinete

‘–El hecho de llegar con antelación no le otorga ningún privilegio, caballero.
–Señorita… ¿está usted penalizando mi puntualidad y obligándome a esperar en una sala atestada de miasmas, aún a riesgo de contraer alguna enfermedad incubada por quienes llegan de otros lugares para hacer uso y abuso de nuestros servicios sanitarios sin ningún tipo de control?
El rostro de Narciso España se congestionó de tal manera que ocultó sus ojillos tras el grueso escaparate de sus gafas. Entonces, resoplando para devolver a sus mofletes un volumen apropiado, procedió a gritar a los cuatro vientos: ¡TENGA POR LO MENOS LA VALENTÍA DE RECONOCERME QUE EL PROBLEMA RADICA EN LA NACIONALIDAD QUE ME OTORGA ESTE D.N.I. QUE MUESTRO ORGULLOSO PARA REALIZAR UN ALEGATO DE LA CIUDADANÍA ES-PA-ÑO-LA!
Tras permanecer unos minutos retenido por dos miembros de seguridad, entregó la tarjeta sanitaria que lo identificaba como beneficiario de su madre, viuda del exitoso general del ejército español Don Ángel España, sin dejar de realizar comentarios acerca de lo inconveniente de contratar dicho personal, con acceso a la farmacia del centro hospitalario, entre aspirantes de origen balcánico.
Sentado frente a su nueva doctora, de rasgos latinoamericanos, procedió a dar explicaciones de manera somera y pormenorizada de sus dolencias,
— Dedico el escaso y valioso tiempo libre del que dispongo al perfeccionamiento de mis dotes de trompetista en la casa que comparto con mi madre, a la que mantengo ajena por completo ¡pobrecita mía! a esta invasión de extranjeros que nos asola. La autodisciplina impuesta me provoca fuertes dolores articulares, y para calmarlos necesito la prescripción de una serie de medicamentos que yo mismo le recitaré para evitar que su escasa cualificación motive un error más que probable.
… …
— Mi única experiencia laboral, docente para más señas, tuvo lugar en un centro concertado de educación primaria donde el ratio de alumnos de procedencia extranjera era tan elevado que me obligó a tomar medidas para evitar la segregación de los nacionales, fíjese usted a qué punto hemos llegado.
Expulsado de la oficina de empleo entre acusaciones de racismo, huyó desconcertado. ¡A él! Capaz de interpretar con su trompeta melodías de cualquier parte del mundo.
… …
–Mira hijo, éste es nuestro nuevo vecino Mamadou. Se ha ofrecido amablemente a arreglarnos ese grifo que goteaba.
–¿Has dejado entrar a un desconocido en casa? Podía haberte violado o peor aún, podía haber robado mi trompeta. Madre ¿en qué estabas pensando para ser tan inconsciente?
… …
Despertó en la cama de un hospital público, entre explicaciones maternas que intentaban explicarle cómo la rapidez con la que Mamadou había actuado, avisando a emergencias ante su colapso, le había salvado la vida.
–Es una buena persona hijo. No conviene juzgar a nadie por su tono de piel.
–¿De qué tono me hablas madre? Es negro como los cojones de un grillo. Y apartó su mirada orgulloso de la soez, a la par que acertada, y propia de una mente ordenada, comparación.