1255. UN TROPIEZÓN EN LA FERIA DE ABRIL
Luis Bengoa Puente | Luis Bengoa

No podía ser de otra manera, que la historia de un Sevillano, se desarrollara en Sevilla.
Feria de Abril de 2019, última precovid, última con el recuerdo intacto de un tiempo donde la palabra mascarilla, hablaba del precio de algo. (Más – carilla ^_^).
Tras una noche de marcha, una mañana resacosa, y un medio día en el que, el gazpacho, la tortilla y el montaíto de lomo, se unen a un calor bastante sofocante, un personaje enchaquetado, con su corbata, pañuelo y zapatos limpios, no sabía que comenzaba el principio del fin.
Quien no haya estado en la Feria de Abril no sabe lo que es sentirse en un foro Romano, comiendo a destajo, bebiendo más, y mezclando hasta con el agua de los floreros. Cerveza, Manzanilla, rebujito y copas, el cócktel molotov al que sólo un flamenquín puede darle el punto final, y tanto que lo hizo.

Nos encontramos a las 2am después de todo el día disfrutando, y nuestro personaje empieza el bailoteo, el ridículo grande que sufrimos los que lo vemos, pero no quien está flotando en su nube de alcohol. Pues no sería hasta el momento de dar varias vueltas en una de esas famosas Sevillanas, cuando este ser, en uno de sus giros, nota como escala todo el mejunge art-attack que llevaba horas componiendo en su estómago, por su esófago… Claro está, la caseta no es el mejor sitio donde vomitar, así que en un intento vano de escapar de su terrible final, corriendo hacia la puerta tropieza con una silla… imagínense lo que es, en esa situación, un último empujón de la vida para que salga todo… no sin antes elegir a su víctima. Una chica sentada, con un ciego como una casa, recibe un regalo inesperado del cielo, un regadío de restos semi ingeridos, y delante de sus pies cae la persona que se lo ha preparado. Obviamente, unos segundos fueron necesarios para darse cuenta de la situación, tan asquerosa que no pudo aguantar, y como si justicia divina se tratara, nuestro primer verdugo, se convirtió en víctima de su propio castigo, y esta pobre chica, le devolvió todo lo que dentro de su ser había, en forma de vomitona.

Entre asco y risas, nunca he estado tan agradecido por no formar parte de ese acto, pero a su vez poder presenciarlo todo.