UN VIAJE MUY ESPECIAL
Francisco Javier Alameda Barrasa | Jacques Haddock

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—Estoy nervioso, mamá. No sé si será una buena idea viajar hasta allí. Es todo tan distinto… La forma de comunicarse, la manera de vestir, el modo de hablar, los transportes… ¡Es muy diferente!

—Tranquilo, hijo. No tienes por qué estar preocupado. Tu padre y tu hermana ya hicieron en su día ese viaje. ¡Y no les pasó nada! Sólo tienes que confiar en ti.

—No sé, mamá. Ya sabes que nosotros somos muy diferentes. ¿Y si me ven raro? ¿Y si se ríen de mi forma de hablar? ¿Y si no les gusta mi ropa? ¿Y si se burlan por saber más que ellos?

-Oye, oye, para el carro. El primer viaje hasta allí es siempre muy especial. Y sí, estoy de acuerdo. Nosotros somos diferentes. Pero del mismo modo que tú te tienes que adaptar a sus costumbres, ellos también te tienen que aceptar tal y como eres. Venga, acuéstate ya, que pasado mañana va a ser un día muy largo, aunque ya sabes que el viaje no será para tanto.

Aquella noche no pude dormir. Mil y una dudas me rondaban la cabeza cada vez que trataba de conciliar el sueño. Bien es cierto que tanto mi padre como mi hermana mayor ya habían emprendido antes ese viaje, pero yo no estaba seguro de que les fuera tan bien. ¿Y si me ocultaron algo? ¿Y si no me hablaron con suficiente franqueza de lo que me iba a encontrar allí?

Para mi madre era muy fácil, ya que ella no había viajado nunca tan lejos. Cuando desperté aquella mañana, la víspera de mi gran viaje, sentía un vacío en el estómago difícil de describir. Era el miedo a la novedad, a enfrentarme a lo desconocido.

Como mi vecino, dos años mayor que yo, ya había hecho ese viaje el año pasado, decidí ir a visitarle a su casa para tantearle un poco.

—Oye, ¿cómo son? ¿Es cierto que son muy distintos a nosotros? ¿Es verdad que se pelean por nada y que siempre acaban discutiendo? ¿Son tan estúpidos como aparentan?

—A ver, la respuesta a todas esas preguntas es sí y no a la vez. Es cierto que son muy distintos a nosotros, que se pelean y, en ocasiones, se matan entre ellos sin piedad. Es cierto que no cuidan el medio en el que viven, y que pronto no tendrán un lugar mejor en el que vivir. Es cierto que creen estar muy avanzados tecnológicamente cuando nosotros les damos mis vueltas. Y sí, es verdad que su estupidez no tiene límites. Pero, en el fondo, no son tan opuestos a nosotros. Ellos también tienen sus miedos e inseguridades, como tú ahora mismo.

Tras la conversación con mi vecino, me volví a mi casa y permanecí allí el resto de la jornada. Al día siguiente tendría que partir para una misión especial. Una cita obligatoria con nuestro deber ciudadano que todos en Urano cumplíamos una vez en la vida. Mañana emprendería mi primer viaje al planeta Tierra.