UNA AMARGA DESPEDIDA
Eva Gálvez de Lucas | Ujo Kirjailija

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Enseguida noto que algo no va bien aquella mañana. Demasiadas prisas. Mi madre está más nerviosa de lo normal y no hace más que ir de acá para allá preparando cosas. He oído repetir una misma palabra las últimas semanas: «guarde», pero aún no sé qué significa, y esa mañana se está repitiendo demasiadas veces. Empiezo a impacientarme cuando no seguimos nuestra rutina habitual: despertarme con arrumacos, cambiarme y ponerme limpita, beber mi leche calentita, jugar en mi parque… Bueno, al menos parece que me va a sacar a dar un paseo. Lo de salir a la calle me gusta y lo de montar en coche ni te cuento, pero hoy seguimos un itinerario distinto. De repente, el coche se para, y entramos en un edificio muy colorido que parece haberse diseñado pensando en los niños; tiene un parque con toboganes y columpios, dibujos, adornos, globos… pero allí hay demasiado ruido, gente que entra y sale, padres que lloran. ¿Qué puede ser ese extraño sitio? Me agarro fuerte a mi madre. Entonces, nos recibe una chica joven, parece simpática, no hace más que sonreír y llamarme por mi nombre aunque yo no la conozco de nada. Y de pronto, mi madre, que me deja en los brazos de esa desconocida. Yo intento no soltarla, pero ella me deja con un beso y se da la vuelta para que no vea que está llorando. No entiendo qué pasa. La chica me lleva a una habitación en la que no hay más que mocosos llorando. No puedo remediarlo y hago lo mismo. ¿Cómo puede hacerme esto mamá? ¿Adónde ha ido? ¿Habré hecho algo mal? ¿Volverá? ¿Y si no vuelve? ¿Me ha abandonado? A lo largo de este año apenas se ha separado de mi lado. ¿Cómo puede dejarme sin más en este sitio horrible que huele a pañales sucios con gente que no conozco de nada? Todo esto es nuevo para mí y no me gusta nada. Aquella chica intenta por todos los medios que dejemos de llorar: pone música, nos coge en brazos por turnos, nos ofrece todo tipo de juguetes y peluches, pero nada de eso me hace sentir como en casa. No me dejes, mamá.

Hoy no puedo estar más nerviosa, tengo la eterna sensación de que se me olvida algo. Voy como pollo sin cabeza. Es un día complicado, un día que hubiese deseado que no llegase nunca, pero ya no queda más remedio que separarnos. ¿Cómo se lo tomará? ¿Creerá que la abandono? ¿Sabrá que esto es solo temporal? ¿Jugará con los demás niños? Espero por su bien que se adapte pronto. La verdad es que se me parte el corazón y desearía estar siempre pegado a ella, pero también debo dejarla ir. Esta es la primera vez de muchas en la que tendremos que separarnos y ella tendrá que empezar a valerse por sí misma e interactuar con otros pequeños que esperemos que la acepten tal y como es. No podré estar siempre ahí.