1276. UNA BODA DE CINE
MONTSE JIMÉNEZ ESCOBAR | contalabas

Me casé un 14 de julio, el día de la Revolución Francesa. ¡Vaya ocurrencias! Dije: «Luego el resto nos lo tomamos con más calma: tenemos los hijos a pares, por ejemplo…».
Y así nos lanzamos a la nueva vida…
Me fui a tomar unas cañas antes de casarme… Me faltaron unas rondas… siempre lo he dicho, pero el padrino, mi hermano, se ponía nervioso cuando entraba la gente al bar y todo el mundo nos daba la enhorabuena y yo contestaba: «¡Todavía no me he casado!”. “Con un tonillo…», me dijo él.
Claro que tampoco lo he contado… El novio llegó tarde. Mi amiga estaba pendiente y en cuanto apareció mi coche me hizo señales para que pasara de largo… Yo dije al chófer: «Písele fuerte…», porque siempre tuve ganas de decir eso. Y porque cuando iba a decir: «Sígale a ese», vi que el coche que aparecía por la calle era el del novio, así que dije: «No siga a ese, gire y písele fuerte».
Mi hermano sudaba a chorros… «Te tienes que casar», me decía. «Eso lo veremos», le contestaba yo.
El chófer preguntaba, muy cortado: “¿Entonces sigo por aquí, no me doy la vuelta?»
«Ni se le ocurra», contestaba yo. Mi hermano dijo que tenía calor. Así que entramos en el primer bar que vimos. Yo pedí otra ronda, mi hermano miró al chófer, que contestó que él no podía beber más, que estaba trabajando… Así que nos tuvimos que volver…
El novio se acercó a decirme no sé qué, porque no le escuché, solo le dije: «He venido a decirte que no me caso contigo». Luego se acercaron los invitados: «Que salga la novia, que salga la novia», coreaban, como en una película musical cualquiera…
Mi hermano ya estaba fuera… Así que aproveché y le dije al chófer: «Písele fuerte», como una novia a la fuga (eso me pasa por ser peliculera). Y me fui al cine, compré palomitas, y a la salida… me esperaban cuatro niños en la puerta: «Hemos venido a decirte que contamos contigo. Queremos nacer. Vuelve a la escena que dejaste a medias», me dijeron. Así que volví. Llegué a tiempo de los postres. Corté la tarta como en Kill Bill… ¡Zas! ¡Zas! El novio se apartaba… y todos los que estaban en las mesas agachaban la cabeza… ¡Me vine arriba! Cuando los camareros fueron a repartir los trozos de tarta, les dije: «¡Quietos!».
Uno de ellos salió corriendo…
Con la espada di tres toques a una columna metálica: «Vamos… quiero veros la cabeza».
Ninguno se asomaba.
«Que esto no es la Boda Roja, solo voy a daros tarta», les dije. Así, poco a poco, los más glotones comenzaron a asomarse.
Se lo lancé como un discóbolo. ¡Zas! ¡Zas! Y lo iban cogiendo… Se animaron, querían más, pero nos dijo el camarero que tocaba el vals… si no tenía inconveniente…
Y fuimos felices, pero como la mayoría eran veganos, por votación, no comimos perdices…