Una cita doble
Javier Martínez Jareño | Xavi Clemm

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La señora Alberta no miraba al chico a los ojos, pero tenía que responder algo.

—Antonio has dicho que te llamas, ¿no?

—Toni, sí.

—Toni. A ver cómo te lo digo. Es que… es la primera vez que estoy aquí. En mi vida.

Toni no pudo esconder la cara de sorpresa, pero enseguida cambió el tono y, de manera jocosa y amable, le respondió:

—Así que podríamos decir que es tu primera cita, ¿verdad?

La señora Alberta sonrió, pero enseguida le brotó una sutil mueca de tristeza.

—Literalmente. De hecho, nunca he tenido ninguna cita. De ningún tipo.

—¿De ningún tipo? ¿Me lo dices de verdad, Alberta? ¿Con 82 años que tienes?

—Sí. Casi el doble que tú —dijo con los ojos fijos en la mesa que los separaba—. Lo que pasa es que he sentido siempre mucho miedo a dos cosas: a los hombres y a los médicos. Y mira cómo es la vida, aquí estoy sentada enfrente de ti, sin saber qué hacer ni cómo responder a lo que me dices.

Toni se quedó en silencio, demasiado ocupado calibrando mentalmente las implicaciones de aquella confesión. Hacía calor. Se levantó de la silla, se desabrochó la bata, se quitó el fonendoscopio que llevaba colgado del cuello y lo dejó en la mesa. Alberta le vio preocupación en los ojos antes de que le diera la espalda, pero, cuando volvió a girarse hacia ella, ya sonreía de nuevo con calidez.

—Mejor tarde que nunca, Alberta. Vamos a intentar solucionar este problemilla. Me temo que vas a tener bastantes citas conmigo en los próximos meses. Espero que en alguna me traigas bombones.

—Mejor te hago yo un bizcocho. Si me curo.

—Otro incentivo para hacer bien mi trabajo, por si no tenía ya suficientes —respondió Toni, ejecutando un arriesgado humor negro muy impropio de su posición profesional y de su todavía breve relación con Alberta. Se arrepintió al instante, aunque ella, contra todo pronóstico, soltó una carcajada mientras, por primera vez, lo miraba a los ojos.

—Habrá más citas, pero, si sale mal, quizá no haya muchas más. Jo, es la primera y son todo malas noticias. Casi me la evito, como he hecho toda mi vida. Menos mal que no. Es un acierto cojonudo haber venido.

Toni se rio y luego contestó:

—Unos análisis a tiempo pueden salvar vidas, Alberta. De momento, te doy esta receta para que te tomes un par de medicamentos hasta que empecemos el tratamiento.

—Si sale todo bien, he pensado que además de prepararte el bizcocho, te paso la receta.

—Receta por receta.

—Qué menos.

—¿Sabes qué, Alberta? Tengo una contractura muy fuerte en el cuello y casi pido la baja hoy. O sea, que he estado a punto de no venir a trabajar. Así que, citando a una persona muy sabia: «Es un acierto cojonudo haber venido».

Alberta seguía mirándolo a los ojos, divertida. Toni remató:

—¿Qué? ¿Es la primera vez que citan una frase tuya? Estás teniendo muchas primeras citas hoy.