Una cita importante
Leoncio López Álvarez | Tito

4/5 - (3 votos)

UNA CITA IMPORTANTE





Cinco minutos tarde en tu primera cita

puede significar una eternidad en conseguir la siguiente.

(del diario de Luz)





Toda su vida se había estado preparando para este trabajo. Hoy era su primer día y era mucho lo que se jugaba. Su jefe estaría pendiente de cada palabra que dijera, de cada gesto, lo estaría observando sin perder detalle. Y su jefe… era de temer. Aún así, Luz se sentía plenamente feliz, con nervios, pero feliz.



Ernesto maldijo su suerte una vez más. Su vida se había convertido en un auténtico infierno, las desgracias se sucedían sin tregua y lo único que le faltaba era que su casa ardiera por los cuatro costados. Un escape de gas enmendó este descuido en su mala fortuna y desde la semana pasada ya podía añadir un incendio a sus desdichas.

La última desgracia vino dentro de un sobre con su finiquito. Ni se molestaron en explicarle el motivo del despido. Su desesperación llegó al máximo que podía soportar. Tomó una decisión drástica.



El mundo está en equilibrio debido a que las desgracias de unos suponen una oportunidad para otros. Es el eterno suma cero del universo, nada predomina dentro de la totalidad, y las fuerzas en un sentido quedan compensadas por otras contrarias.



Según esto, la mala fortuna de Ernesto iba a suponer la oportunidad que llevaba esperando Luz desde hacía siglos. Su jefe le advirtió de la importancia de su primer encargo. Un caso muy sencillo, le dijo, pero el tono que empleó era más de advertencia que de ánimo.



Luz repasó todo lo que tenía que hacer en su primera cita de trabajo. Realmente se trataba de algo muy sencillo, el cliente ya tenía decidido firmar el contrato antes de concertar la cita.



Los problemas vinieron cuando intentó llegar al lugar del encuentro. Le resultaba imposible acceder. ¿Qué estaba pasando? Volvió a consultar su agenda para confirmar que estaba dónde había quedado, y comprobó que no había ningún error, se encontraba en el sitio exacto. Lo intentó de nuevo, pero con los mismos resultados. ¿Qué podía hacer? Si llamaba a su jefe, quizá, él pudiera indicarle el camino que tenía que seguir, pero estaría demostrando su incapacidad para resolver el primer problema que había surgido. No, esto era algo que debía solucionar por sí mismo.

Miró el reloj y vio que ya habían pasado cinco minutos de la hora. Cinco minutos gastados en intentar aparecer dónde había quedado. En su negocio llegar tarde era imperdonable. Había fracasado y su jefe se lo haría pagar muy caro. Se preguntó qué estaría pasando al otro lado.



Al otro lado Ernesto esperaba impaciente. ¿Qué había fallado? ¿Es que su mala suerte no iba a cambiar nunca?

En esta ocasión su mala suerte consistía en ser un ignorante. Ernesto no tenía ni idea de geometría. En lugar de pintar con la sangre de un carnero degollado un pentágono en el suelo, había dibujado un hexágono. Todo el mundo sabe que con un hexágono, la invocación no funciona.