Una cita inesperada
Natálie Kepková | Nat.cz

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No creo en Dios y me resulta difícil creen en autoridades. Pero parece que la vida está haciendo un esfuerzo por enseñarme otra cosa: creer en los primeros encuentros. Era mi última noche en Madrid, al día siguiente cogía vuelo destino a Praga e iba a volver a mi vida de siempre. A mi pueblo de toda la vida, a salir los viernes y pasar los sábados de comida con mi familia.



A veces nos toca enfrentarnos a una realidad que no nos habíamos planteado. A una correlación de hechos tan absurda que no nos atreveríamos a pensarla ni en los momentos más audaces. A montarnos en ese tren rumbo «a donde sea» o quedarnos en la sala de espera. Quedarnos quizás por siempre.



Estando en el pleno corazón de Madrid, «la ciudad de la eterna juerga», como la contemplamos nosotros desde nuestra estrecha perspectiva centroeuropea, y teniendo en cuenta que era nuestra última noche, no pudimos desistir de tomarnos nuestra «última copita española». Esta noche viví mi primer encuentro con Lamucca. En ese momento todavía no sabía que no iba a ser el último.



Me fijé en él desde la entrada. Y no porque fuera el más guapo en la sala. Había algo diferente. «Él sí», pasó por mi cabeza, «ojalá»…..



Otra de las cosas que me ha enseñado España es que una copa no es una. Nunca;





Red fusion.



-«Lleva una camisa azul. Le queda bien»



Oriental garden.



-«En realidad sí es guapo. Muy guapo.»



Otyum beach.



– Lo miro y me devuelve la mirada.



Aviator.



– Se levanta de la mesa y…..viene hacia nosotras!!!



Dejé de contar los minutos y las copas.

Nos acompañó a casa. Nos quedamos mirando uno al otro y ninguno de los dos sabía muy bien cómo despedirse.



-«Me gustaría visitar Praga…..»

-«Sería muy bonito volver a verte.»

-«Buenas noches Natalie».

-«Buenas noches Andrés».



Esa noche me costó pegar el ojo.

Fue un encuentro amable. Pero la vida nos enseña a no emocionarnos porque las mañanas duelen. Hemos normalizado dejar de soñar.

Y lo mío no era más que un sueño. Bonito  pero irreal. Iba a ser mi recuerdo más especial del viaje. Y quizá uno de los encuentros más bonitos de mi vida.



Pero él ….VINO!! Cogió la maleta y vino a Praga, vino a verme a mí, sin conocer más que mi nombre y mi cóctel favorito. Vino.



Ayer celebramos nuestro segundo San Valentín. En Lamucca, en el lugar donde todo comenzó. Y espero que sigamos volviendo durante muchos años.



Gracias por esta cita tan especial. Gracias por hacerme volver a soñar, Andrés.