763. UNA CONEXIÓN IMPERFECTA
Álvaro Romero Pedreira | ZuK

Miraba a la pantalla del ordenador con la sonrisa perfecta que llevaba años practicando. Estaban elogiando, a través de videollamada, la calidez humana de sus personajes y su profundidad psicológica. Era el decimonoveno premio que ganaba, y sabía perfectamente la imagen que quería transmitir en sus actos públicos: un escritor misterioso, frío, correcto y con un toque de trauma, para darle profundidad a su propio personaje.
Se sentía profundamente aburrido escuchando a los organizadores del certamen agradeciendo al jurado su participación; desde que era niño estaba completamente en desacuerdo con las formalidades que envolvían cualquier acto de la vida social. Pensaba que todos se esforzaban en parecer iguales, como si mostrar su personalidad, sus diferencias o sus debilidades fuera un terrible error. Aunque él ahora hacía exactamente lo mismo que el resto de los presentes, todos con sus sonrisas perfectas ante las cámaras de sus respectivos ordenadores.
En cuanto terminó su intervención, tenía el permiso para desconectar su cámara, por lo que la desconectó y se fue a hacer un gin-tonic a la cocina. Volvió al salón y escuchó cómo todavía seguían las voces del resto de premiados hablando de cosas completamente banales, que en el fondo a nadie le interesaban. Puso entonces la música al máximo volumen que permitían sus altavoces, buscó una canción de reguetón profundo, con olor a gasolina, le dio un par de sorbos a su gin-tonic y empezó a bailar. Le encantaba dejarse llevar por la música en la soledad de su hogar, permitiéndose al menos allí ser él mismo sin que nadie le obligara a poner su estúpida sonrisa.
Al terminar la canción, envuelto en sudor, se fue a darle otro sorbo al gin-tonic, cuando vio que la gente que antes hablaba de fondo estaba en completo silencio, mirando sus pantallas. Sus sonrisas perfectas se habían convertido en mejillas sonrojadas y caras de bochorno. En ese instante, se dio cuenta de que no había desconectado su cámara y todos habían sido espectadores de su desenfrenada actuación. Lentamente, cogió su gin-tonic y mientras sorbía, apagaba, esta vez de verdad, su cámara.