Una idea de bombera
Carme Teixidor Albarran | Wild Flower

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―¿Te acuerdas de cuando en parvulario te pegué el chicle en el pelo y te tuvieron que cortar esa preciosa melena rubia que te llegaba hasta la cintura?

―¡Sí! ¡Claro que lo recuerdo! ¡Fue así como nos conocimos!

―Esa fue la primera vez que hablamos.

―Siempre he tenido ganas de preguntarte por qué lo hiciste.

―Pues, no tengo ni idea, la verdad. Ahora te diría que ni yo misma lo sé. Puede que te viera tan distinta a mí que necesitara acercarme.

―¿Distinta?

―Sí. Desprendías tanta seguridad en ti misma y siempre estabas tan calmada… Éramos pequeñas, pero ya tenías claro lo que querías.

―¡Tía! ¡Si éramos unas crías! Yo apenas me fijaba en esas cosas. Tan solo quería jugar a las muñecas. ¿Cuántos años teníamos por aquel entonces?

―Mi hermana acababa de nacer. Y con ella me llevo cinco años.

―¡Cinco años! ¡Si todavía éramos bebés!

―Para mí era muy distinto. Yo ya navegaba en un mar de emociones que me costaba mucho dominar. Siempre dudando. Sintiendo que no era suficiente.

―Es cierto. Te gustaba mucho andar sola de aquí para allá.

―Sí. Me encantaba observar todo lo que ocurría a mi alrededor.

―Yo, en cambio, era una terremoto.

―Ja, ja, ja, es verdad. Puede que por eso me acercara a ti. Somos tan diferentes. Aunque lo hiciera de esa forma tan.. ¿Cómo podría llamarlo? ¿Peculiar?

―A mí me parece que fue una idea de bombera. De esas tuyas que te asaltan de vez en cuando.

―Supongo que a mi mente infantil y con nulas habilidades sociales desarrolladas le pareció bien en ese momento.

―Yo todavía no entiendo cómo se te ocurrió hacer eso.

―En realidad a una parte de mí le pareció gracioso, pero también intuía que podía ser algo malo, como se aseguró de recordarme mi madre más tarde. Parece que todavía la oigo a la pobre. ¡Qué disgusto le di!

―Bueno, es que no es un comportamiento muy normal que digamos.

―He de decir que tu reacción fue de lo más desconcertante. Primero te tocaste el pelo con cara de asco y, al instante, empezaste a reírte como una loca, ¡te pareció divertidísimo!

―Sí. Ahora me doy cuenta de que necesitabas una amiga desesperadamente. Ja, ja, ja.

―Ja, ja, ja. Y así era. Menos mal que reparaste en mis intenciones. Por cierto, ¿tus padres se enfadaron mucho? Me parece curiosísimo que nunca antes hubiéramos hablado de todo esto.

―¿Sabes lo más gracioso de todo? Hacía semanas que le pedía a mi madre que me dejara cortar el pelo, pero ella me decía que parecería un chico y no me dejaba.

―Y entonces no tuvo más remedio que llevarte a la peluquería.

―Gracias a ti. Ja, ja, ja.

―¿Lo ves? Al final no fue tan disparatada la idea de pegarte el chicle en el pelo.

―Si no lo hubieras hecho, a lo mejor nunca habríamos sido mejores amigas.

―¡Quien sabe!…

―Voy a pedir otra ronda, ¿te apetece tomar algo más?