UNA INFINIDAD DE POSIBILIDADES
MARGARITA JIMÉNEZ CHAMORRO | MAR VERA

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Reconozco que estaba muy nerviosa. Jamás antes lo había intentado. Quizás aquello no fuera para mí. Tal vez, no encuentre placer, no disfrute- pensaba. Al fin y al cabo , no a todos nos tienen que gustar las mismas cosas ¿no? ¡Quizás , a mí no me guste!.- exclamaba, con cierto enfado .

Buscaba mentalmente millones de razones para evitar esa primera vez. Había oído que , en dosis elevadas, podía llegar a ser perjudicial para la salud .

Y luego estaba la posibilidad de la adicción. Yo era propensa a engancharme a todo tipo de situaciones tóxicas; amores imposibles, amistades peligrosas, una madre narcisista, un trabajo que había dejado de entusiasmarme pero que no conseguía dejar……

¿ Y si esto llegaba a mi vida para llenar otro de mis vacíos y terminaba por quedar totalmente enganchada? No iba a poder soportar otra montaña rusa de emociones.

Recuerdo un amalgama de sensaciones contradictorias sobre el tema: a la par excitación y asco, curiosidad y rechazo……

Me gustaba fantasear con la idea de que yo era una de esas personas a las que les producía un inmenso placer. Me entusiasmaba verme rodeada de amigos , en tertulias al calor de una chimenea , o , alrededor de una mesa , en cualquiera de esos locales con tanto encanto de Madrid.



Me veía entrando ,en uno de ellos, con mi abrigo de paño blanco y mis tacones de salón y experimentando cómo su calor calentaba mi cuerpo.

¿Cómo sería esa sensación de conseguir reactivarse de manera inmediata de la que tanto hablaban?

La verdad era que estaba agotada y sin fuerzas. Ese maldito insomnio mío me tenía exhausta. Así que había llegado el momento. No podía retrasarlo más. Iba a intentarlo, iba aprobarlo por primera vez en mi vida, después de 30 años resistiéndome.



Abrí la puerta del local. Me encantaba ese lugar. Tenía decidido que si me atrevía a hacerlo alguna vez , sería allí y no en ningún otro sitio. Me encantaba la mezcla de color oscuro y dorado que impregnaba la decoración y que creaba una atmósfera de confort y calidez , a pesar de esos elevados techos. Las columnas me recordaban a los templos griegos y ,con la piedra de la parte inferior de las paredes, era como entrar en un castillo medieval . Me dirigí directamente a la barra. El sonido de mis tacones al pisar las losas bicolor resonaban por todo el local . Iba decidida y enérgica .Algún comensal se giró a mi paso.



Sonreí al camarero, coloqué mis manos encima de la madera, tragué saliva, y pronuncié las palabras:

-Un café, por favor.-

El joven que me atendió sonrió : ¿Con leche?- me preguntó.

Ni siquiera me lo había planteado pero , era cierto…¡Había una infinidad de posibilidades distintas de tomarlo!

Asentí. No iba a pensar más sobre el tema.

Ese mismo vale- dije.