1534. UNA NOCHE DE MIERDA
Aníbal Marín Sacristán | A.K.

No había abierta gran cosa a las 4 de la mañana, teníamos un hambre que nos moríamos y el plan era ir a casa de Marcos a dormir, que estaba a 20 minutos andando. Yo ya iba avisando de que el durum me había sentado mal, pero sólo era capaz de decir que el durum descansaba mal, y mis amigos pensaban que había que darle algo al durum y me daban pastillas para la tos, y yo me enfadaba, y ellos decían que si no quería era su problema (del durum), que vaya borde (el durum). Íbamos un poco borrachos.
Cuando íbamos a casa de Marcos tropezamos con un señor igualmente borracho. Literalmente caímos sobre él. Nos disculpamos y nos fuimos. Tardamos al final 40 minutos en llegar, y cuando íbamos a subir Marcos se puso como loco diciendo que había perdido su collar. Nos pusimos a buscarlo (alguien de nosotros pensó que había que buscar a un perro), pero no lo encontramos.
Para cuando por fin entramos al piso yo estaba que me moría, y corrí al baño. Con mucho esfuerzo cerré el pestillo, conseguí levantar la tapa del váter y me senté. Y sentí fuego en el ano. Grité y dos colegas vinieron gritando a la puerta del baño a ver qué me pasaba, yo intenté levantarme para asegurar el pestillo, tropecé con mis pantalones, perdí el equilibrio y me di con la cabeza en la pared. Los otros dos escucharon el golpe y se pusieron a aporrear la puerta, intentando tirarla abajo. Yo gritaba y ellos gritaban, y la vecina de arriba se puso a gritar también. Y entonces me puse a gritar yo más fuerte porque me di cuenta de que no me había sentado en el váter, sino en el bidé. ¡Mierda! ¡Mierda! La había cagado pero bien. Entré en pánico y lo único que se me ocurrió fue limpiarlo con papel higiénico, así que cogí un montón, pero se me resbaló el rollo y cayó en el bidet. A punto de desmayarme, y aún con el culo al aire, fui a abrir de par en par la ventana del baño para que me diese el fresco. La vecina me vio y se puso a gritar “¡Guarro! ¡Fresco!” y entonces me desmayé.

A la mañana siguiente me tocó limpiar todo. Por suerte a todo el mundo le dolía la cabeza así que nadie quiso entrar rápido al baño ni hacer preguntas.
Al menos encontré el collar de Marcos. Se lo había dejado en el bidet.