UNA PAREJA PERFECTA
MARIA SERGIA MARTIN GONZALEZ | SAMARKANDA

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Tan bien vestido, tan marcando paquete, tan perfumado, tan irresistiblemente seductor… Además de guapo a rabiar, inteligente, divertido, romántico y con una conversación exquisita. Me citó en una discoteca recién inaugurada, que eligió para sorprenderme. Allí, en medio de la pista, me demostró que sus caderas habían sido creadas por algún cónclave de dioses caribeños. ¡Qué ritmo, mi ‘amol’! Hablamos, bailamos, nos reímos de todo lo reíble y, cuando apagaron las luces, le propuse ir a un hotel para tomarnos la última copa y cerrar una noche perfecta. Aceptó sin reservas. Irremediablemente, tras dar buena cuenta del mini bar, llegaron los besos, las caricias… Y, sí, acabamos haciendo el amor hasta en cuatro ocasiones. Por la mañana, nos duchamos –piel contra piel– en un intento desesperado por alargar ese instante hasta el infinito; tomamos el desayuno en la cama y, bajo las sábanas, me confesó que hacía tiempo que no disfrutaba tanto. Le dije que a mí me sucedía exactamente lo mismo. Fui yo quien planteó volver a repetir la experiencia. Él asintió, tomó mi cabeza entre sus manos y ambos sellamos el compromiso con un beso interminable. Mientras terminaba de arreglarme el pelo, le escuché pedir un taxi. Se nos había echado el tiempo encima y era hora de dar por finalizada tan maravillosa velada, de continuar con nuestras vidas, con nuestros trabajos y, cómo no, de acercarnos juntos al colegio para recoger a nuestros hijos.