Una Primera Última Cita
Julio Pérez García | Dr. Faustus

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-Don Patricio, aquí tiene la pizza barbacoa, como a usted le gusta.

Patricio, acostumbraba a escapar de su agotadora vida como exitoso empresario y escritor de libros de autoayuda a ratos libres en aquel restaurante de la calle Serrano. Joan, su camarero de confianza, ya sabía qué traerle a la mesa sin siquiera un gesto al aire de aquel comensal.

-Muchas gracias, Joel- Joan sonrió y marchó apresuradamente para no interrumpirlo más de lo necesario y que su habitual cliente lo despachara de mala gana.

Con un trago solemne del Ribera del Duero más caro del local, Patricio se dispuso a tomar su primera porción de pizza. Dedo índice y pulgar en los extremos de la corteza, apretando ligeramente pare evitar que la pieza triangular venza hacia abajo. El primer mordisco era su favorito: al centro, donde el queso fundido se acumulaba. Dentada y directo al gaznate, ansioso cual bestia, ni siquiera llegó a saborear aquel delicioso bocado. En esto, que la masa de queso rodó por su laringe hasta la tráquea, donde se le hizo bola. Un primer intento de hacer presión tragando su propia saliva; nada. Ya algo asustado, miró a su alrededor en busca de Joan, pero la lealtad se ausenta cuando más se la necesita. Ya rojo, muy rojo, intentó retirar él mismo aquel dique quesero con sus índice y corazón a modo de tenazas. Unas lágrimas, algunas convulsiones finales, toda una vida en un instante, y al siguiente se acabó.

O no… Blanco, después negro, o ambos. ¿Acaso hay alguna diferencia entre el todo y la nada? El devenir. ¿Había metamorfoseado en una cucaracha? No, en cucaracha no, en mariposa. Y allí estaba, Patricio, o la mariposa, posado sobre el esquelético dedo de una solemne cara pálida que inspiraba el más profundo vacío en su interior.

-¿Qué tal Patricio?, tu primera cita con la muerte ¿no?- aquella voz se asemejaba más al suspiro de los juncos, el viento al pasar, que a tal.

Patricio no sabía cómo articular palabra alguna encerrado en su nuevo caparazón. Después de un poco de experimentación consiguió emitir unos ruidos que podrían interpretarse como “¿estoy muerto?”.

-Así es- respondió de manera parca la blanca figura. La mariposa hubiera llorado, pero no podía- Entiendo, Patricio, que esta es la primera vez que mueres y que estés desconcertado- en efecto, lo estaba- pero no te alarmes. La reencarnación, los ciclos eternos de vida y muerte, todo ello es real. Cleopatra, Napoleón, incluso Pitágoras en judía, todos ellos se han reencarnado. Ahora, te toca a ti por vez primera.

Prosiguió:

“Veo, amigo Patricio, que has sido muy afortunado en esta vida: salud, dinero y amor. Lo único que podía acabarlo todo era yo. Confabulado con la Fortuna, así hice, viendo los abusos que a su costa perpetrabas. Ahora, tendrás una nueva oportunidad. Cuídala, Patricio”.

Patric-no- la maripo- no- ya no era, no aún. Un batir de alas, un vuelo hacia la nada, y de vuelta a la vida.