721. UNA REMERA TALLA V
JUAN PABLO ARRUFAT | ICARO SCHUBAL

La encontré en el cajón de saldos, era una simple remera gris con letras verde contorneadas en blanco, el texto ya descolorido rezaba: LLEVAME QUE TE GUSTO –debo admitir, que no me gustaba tanto–, pero la necesitaba, tenía poco dinero y una cita a las nueve con Cristina la chica que hacía meses flirteábamos.
A simple vista la remera parecía de mi talla, quise validarlo mirando la etiqueta: talla V indicaba.
Había visto en ese mismo cajón otras remeras de tallas S, M, L, XL ¿pero la talla V? eso era algo nuevo para mí.
¿Tal vez sería un cinco en números romanos? –supuse–, y como era la única de mi agrado la tomé.
Le comenté al vendedor la falla en el talle y agregué que la estampa era casi invisible, así que tras insistir obtuve una rebaja extra, y la compré por un puñado de monedas.
PIDO REBAJAS HASTA EN OUTLETS decía la remera cuando la saqué de la bolsa, el vendedor seguro se había equivocado, pensé en volver a cambiarla, pero aquella también era talla V, y como ya no tenía tiempo me vestí rápido, para llegar puntual a la cita con Cristina.
Compré de paso un vino, y fui a su casa, ella me recibió con nervios, le di un beso en la mejilla, y extendí el vino que había comprado.
–¡Uy, pero este vino es muy caro, no te hubieses molestado! –dijo ella, mientras miraba mi pecho y sonreía.
Al ver su rostro sonrojado busqué mi reflejo en el vidrio de la puerta de entrada al edificio, y vi que mi remera había cambiado, ahora con colores más vivos y otra tipografía decía:
ACOSTUMBRO VINOS BARATOS A PARTIR DE SEGUNDAS CITAS.
Entramos a su casa, ella había preparado unas tapas, empezamos a charlar de varios tópicos clásicos en las primeras citas.
–¿Abro el vino? –pregunté, y en el reflejo del vidrio que conducía al balcón vi como el letrero de mi remera iba mutando lentamente a:
PASOS: SIGNOS, TRABAJO, VIAJES, SEXO
Casi corriendo fui al baño con intención de voltear aquella remera y usarla del revés, pero al darle la vuelta el letrero también estaba en su interior brillando con la intensidad de un cartel neón que parecía cargarse con la energía de mis nervios.
Ahora decía: EL QUE SE DEMORA EN EL BAÑO ES PORQUE ESTÁ CAGANDO
Volví a rotar la remera y me la coloqué con el estampado hacia la espalda, si me mantenía siempre de frente a Cristina ella no leería.
Entrados en copas nos dimos un beso, ella lloró por su ex, confesó estar confundida, necesitaba tiempo, secó sus lágrimas y me ofreció formar parte de una red de ventas piramidal.
Nos despedimos, ella me acompañó hasta la salida del edificio, por un momento me descuidé y le di la espalda, allí escuché la carcajada que le provocó el mensaje que luego leí cuando llegué a casa:
SE AVECINAN DURAS EPOCAS DE PASTO SECO Y PAJA.