1150. UNA TERAPIA PARA BAJOS DE TORAX
Iñigo Rodríguez-San Pedro | Iggy Pop

La primera vez que me llamó mi mejor amiga, eMe, para que fuera a verla a un recóndito pueblo de Estados Unidos, fue, cuando se echó un novio americano.

Madrid disfrutaba entonces, de la movida, pero yo estaba sufriendo mi enésima crisis de quietud existencial y cualquier anhelo era bienvenido.

Su pueblo -me explicó- estaba rodeado por los Amish. Una comunidad religiosa y agrícola que vive como en el siglo XVII, viste de negro y amanece al alba, ¡idénticos a mi fauna madrileña! Además, … ¡nosotros también nos lavábamos un solo día a la semana!

No lo dudé: a los pocos días aterricé en Filadelfia y luego cogí un tren hasta su pueblo.

Al llegar, nadie me esperaba en la estación, … cosa muy habitual en ella.
Por suerte tenía la dirección apuntada en la agenda; ufano, decidí coger un taxi. A pesar de que había bastantes, ninguno podía o quería llevarme.

Y eso que me había acicalado a conciencia: la cresta, almidonada; la dirección de la cruz, correcta; los anillos de calaveras, pulidos, y el tintineo de las pulseras, armonioso.

Afortunadamente, su estudio estaba cerca. Fui andando.

Debían de estar esperándome porque nada más entrar, varios de sus colegas: … ¡gritaron al verme!, ella, ¡asombrada!, se precipitó, feliz, a abrazarme y su novio, … su novio, S, era un americano alto, rubio, de pelo lacio y ojos saltones.

Eran tan opuestos que, si tuvieran un hijo, con la combinación de rasgos adecuada, … sería muy atractivo ……
…¡lo tenían!, un niño de 5 años que cuando se giró para saludarme, … ¡se me erizó la cresta!

Al cabo de unas semanas, S, me dijo que tenia que hacer algo provechoso; no le parecía suficiente que hubiese liberado a una de sus perras o que al cuidar a su hijo fumásemos juntos porros.

– Tienes que acompañar a eMe a su primer día de terapia.- Me dijo S.

A eMe, le encantó que yo quisiera acompañarla.

Estábamos esperando, solos, en una sala anodina, cuando al rato, aparecieron el resto de los asistentes.
¡Eran enormes, mastodónticos!
Cuando el cabotaje de sus abundancias -ese paisaje de flacidez- pasó por delante de mis ojos, … inconscientemente, pensé en la nave de la Guerra de las Galaxias.

La psicóloga nos explicó la necesidad de hacer terapia y la exigencia de ser osados y transparentes, para encontrar una solución a sus problemas.

Animó a que alguien empezara. A traición, la cabrona de eMe me señaló y sugirió que fuera yo.

Casi una hora estuve hablando de mi pasión por las mujeres de más de 80 años, de como gozar paseando desnudo por los cementerios y de lo nervioso que me ponen los muebles pegados a la pared.
También mencioné; el odio a mi madre o mi sexualidad reprimida, pero les dije que me parecía algo simple, común … si ningún interés.

Al terminar, eMe, me miró conmovida. La psicóloga, ¡atónita!, el resto: ¡paralizado!

- ¿Alguien más quiere hablar de sus problemas? Dijo la psicóloga.

- Yo. -Dijeron 300 kilos. – Mi problema son los donuts.