105. UNA VELA NEGRA
Ángeles Monedero | Aque

‘-¿Qué estás celebrando? le dije al verla delante de un enorme pastel rosa fucsia de dos pisos con topos verde limón y una velita negra justo en el medio -siempre había sido un poco extravagante.
-El primer aniversario de tu muerte, respondió con una tranquilidad pasmosa mientras encendía la velita con su mechero en forma de extintor de incendios.
Me la quedé mirando sin entender nada, esta vez se había pasado de extravagante.
-No me hace ninguna gracia, no bromees con esas cosas.
-¿Bromear? A ver listillo, si puedes, apaga la vela.
Me recorrió un sudor frío por todo el cuerpo y las piernas me flaquearon, en un segundo me pasó toda la película del sexto sentido por delante. Soplé con todas mis fuerzas pero la vela no se apagó. En ese momento perdí el conocimiento.
Entonces no sabía que existen velas que por mucho que soples no se apagan.