Una vez soñé
Ana Moreno | lunnaris04

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Llevo soñando con la misma persona todas las noches de los últimos cuatro meses.

Algunas veces estamos sentados en un banco, hablando sobre la vida, planeando un futuro juntos.

Otras veces, estamos viajando, conociendo lugares exóticos y creando memorias que siempre permanecerán con nosotros, que podremos contar a nuestros nietos.

Algunas veces, nuestros padres se conocen. Estamos todos sentados en la mesa de la cocina de mi infancia, formando una nueva gran familia. Su madre peina a mi hermana mientras habla con mi madre, y mi padre encuentra un nuevo compañero con el que jugar al golf.

Sin embargo, el mejor sueño es el de una playa, bajo un cielo lleno de oportunidades, con una fina brisa que nos acaricia el pelo. Se escucha el sonido de las olas de fondo, y puedo oler el agua salada desde donde estoy sentada. Él está a mi lado, observando como el horizonte se va desvaneciendo a medida que pasa el tiempo.

No hablamos, no nos miramos, pero estamos juntos. Sabemos que hay otra persona que también recordará este momento en los años venideros.

Cuando giró la cabeza, abro los ojos.

Siempre me despierto antes de disfrutar de la complicidad de su mirada o de la calidez de su sonrisa.

Siempre me invade la misma sensación de vacío, de frío. Siento que acabo de perder lo más valioso que poseo: mi corazón. Solo quiero volver a dormir, volver a soñar con el extraño que me conoce mejor que yo misma.

Es mi secreto mejor escondido. Mi tesoro mejor guardado. Es el único momento en el que me permito reconocer lo sola que me siento.

Me levanto, desayuno, me visto, estudio, voy a clase, vuelvo a casa, estudio, ceno, duermo, sueño.

Así, día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Sigo la misma rutina de siempre, todos los días con el mismo anhelo de volver a verle.

Hoy me he equivocado de autobús, he cogido la línea equivocada. Tenía tiempo, así que he ido andando a la universidad.

Me puse los cascos y le di rienda suelta a mi imaginación. Siempre se dirige hacia el mismo sitio o, mejor dicho, hacia la misma persona. Parece que quiere hacer real algo que no es.

Es demasiado tarde cuando me doy cuenta de que el camino no está libre, de que inevitablemente voy a chocarme con alguien, de que yo ya estoy en el suelo.

En mi limitada zona de visibilidad veo una mano extendida, seguida de un brazo alargado. La tomo y me levanto.

Cuando lo miro a los ojos, salta una chispa de reconocimiento. Cuando retiro la mano, parece que he perdido parte de lo que me mantiene unida a esta tierra.

Solo pienso: te conozco, te conozco, te conozco.

Su mirada responde a mi llamada: te he estado buscando, te he estado esperando, te he encontrado.