UNA VEZ
JAVIER DE LA CALLE DIAZ | JAVICHU

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Mirada viciosa, aire pintoresco y guapo de cara. Me enamoraron sus maneras desde el primer momento. El otro día se apoyó en la barra del bar, algo alicaído. El semblante, difuso y colérico, lo descubría. Su novia le acababa de abandonar después de un año de relación continuada. Sin expresión alguna me señaló con el dedo. No voy a negarlo, me sentí muy alagada. Sería nuestra primera vez. Sin apartar su vista de mí, habló atropelladamente, casi disculpándose por algo que no había cometido. Yo escuché sin interrumpir el soliloquio desesperante del abandonado. Me acarició con cierto cariño y sus dedos empezaron a tintinear creando un sutil cosquilleo. Aferrándose con decisión plena, me dio un par de vueltas y me besó imbuido por los acontecimientos. El ósculo pletórico me supo a gloria. Luego descubrí que aquel sería el último. No ha vuelto a venir por el bar. La vejez me inunda de manchas y ya nadie me trata como él. Incluso he llegado a ser el blanco de numerosos borrachos indeseables.

Ahora ya conoces mi sino de insignificante copa de cristal ennegrecido.